“(…) no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.”

Laura Gutman

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jueves, 23 de junio de 2011

Habiba y Alma juntas por fin.


El diario El Mundo publicaba ayer:

La Comisión de Tutela del Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF) de la Comunidad de Madrid ha decidido cesar la tutela provisional de la hija de Habiba y devolverle el bebé de 15 meses a la madre.

Según un comunicado emitido por la institución, la progenitora "ha acreditado mediante un escrito presentado al IMMF que cuenta con una oferta de trabajo y dispone de un lugar de residencia en un piso para mujeres e hijos en situación de máxima vulnerabilidad, lo que garantiza el bienestar de la menor".

EnlaceNo puedo más que estar feliz, muy feliz, de que por fin mamá e hija se hayan podido abrazar.
Pero me surgen muchas preguntas:
¿Qué pasará ahora?, ¿Quién les devolverá a ambas estas 3 semanas de angustia, separación, dolor ...? ¿Cómo les recompensarán estos días de lucha e incertidumbre? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar algunos para hacernos creer que incluso la maternidad, ha de seguir unos cánones políticos, religiosos o yo qué sé?¿Qué hubiese ocurrido si Habiba no fuese respaldada por la Fundación Raíces y por miles de familias que creen en el respeto a la crianza con amor?
Ojalá pudiese responder estas y otras preguntas. Pero por ahora, me conformo con saber que Habiba y su pequeña por fin pueden estar juntas.

sábado, 2 de octubre de 2010

Algunas esponjas también se hunden




Había una vez una esponja violeta llamada Amanda, no sé si familiar del tan conocido Bob. Pero ella no era tan famosa, muy al contrario, solía pasar bastante desapercibida. Pero era feliz.
Como a todas las esponjas, a Amanda le encantaba jugar, chapotear, llenarse de agua y luego dejarla caer.
Sin embargo, pese a que su misión era la de estar a menudo en contacto con el agua, Mateo, su dueño de 4 años, no le permitía zambullirse en lugares donde el agua subiera más de un palmo. Pero sus papás estaban deseosos de que lo hiciera, querían que su esponjita Amanda llegara a ser tal y como eran las demás, y que no se quedase olvidada en un rincón cuando Mateo cogía a las demás esponjas de colores y las metía con él en su bañera para jugar. Sus papás también deseaban que Amanda pudiera zambullirse en aquel mar de agua dulce y jabonosa y que demostrase que ella podía flotar y moverse con mayor soltura que las demás.
Así que un día, sin consultar a su pequeña, los papás de Amanda la colocaron en el primer lugar de la fila de esponjas, aunque Mateo ni se había dado cuenta, tan acostumbrado como estaba a que Amanda siempre se quedase en su rincón.
Pero fue así como Amanda entró en contacto con una cantidad de agua mayor de la que acostumbraba. La sensación fue sumamente agradable, el no notar nada bajo su cuerpecito poroso era sencillamente satisfactorio.
Sin embargo, Amanda comenzó a llenarse de agua, ésta iba recorriendo todo su ser poco a poco. Y, de repente, Amanda notó como cada vez el agua comenzaba a cubrirla más y más. Hasta que, finalmente, acabó en el fondo de la bañera, de donde ya no pudo emerger.
- "Mamá" - dijo Mateo - "¿ves como esta esponja no flota? No la quiero, no puedo jugar con ella en la bañera".
- "Está bien hijo, no te preocupes. La tiraremos a la basura y mañana te compraré otra esponja violeta que flote como las demás".

Moraleja: Algunas esponjas también pueden llegar a hundirse.
Es un relato un poco triste, lo sé. Pero se me acaba de ocurrir al comentar con unas chicas de A Brazos (el grupo de crianza al que pertenezco), el hecho de que algunos papás y mamás se empeñen en enviar a sus hijos/as a demasiadas actividades extraescolares.

Pero, ¿cuál es el motivo que lleva a un padre o una madre a enviar a una clase extraescolar a su pequeño/a? Salvando las excepciones, se me ocurren dos motivos, y hablo desde mi propia experiencia con personas cercanas:

-Estaréis conmigo en que vivimos un momento donde el que más pisotea es el que más lejos llega. Pero este modo de vida tan destructivo, ha traspasado los límites de la edad adulta y, cada vez más, se traslada a la infancia.

Los papás y mamás "modernos", tenemos la estúpida idea de que nuestros/as hijos/as llegarán más lejos cuantos más conocimientos tengan. Pero ¿acaso no se adquieren también conocimientos cuando conversamos con ellos, cuando jugamos, cuando comparten con nosotros actividades cotidianas en casa, cuando nos acompañan a hacer la compra o a hacer gestiones, cuando miramos desde la ventana las gotas de lluvia que caen en la calle, cuando observamos las formas extrañas y sorprendentes que adquieren las nubes movidas por el viento, cuando observan cómo papá se ensucia arreglando el coche? Si no es así, entonces mi idea del término "adquirir conocimientos" está totalmente equivocada.

Y a veces creo que es así, pues en general, los conocimientos que parece que llevan al éxito son aprender inglés (u otro idioma), tocar un instrumento, bailar danza clásica o, símplemente, acudir a clases particulares para reforzar lo aprendido.

Todo esto, por supuesto, está muy bien, y tal vez mi hija algún día haga alguna (o varias) de estas cosas. Pero no por IMPOSICIÓN. Primero necesito ver que mi hija tiene una habilidad innata que es necesario reforzar, pues tal vez por ahí vaya su futuro y no puedo dejarla pasar.

Pero lo que no puedo permitir es imponerle que haga tal o cual actividad sólo porque fulanito o menganita lo hacen, porque así será más lista, porque así destacará sobre los demás. Esto sería muy injusto para mi hija.

- Otro motivo, más dañino que el anterior si cabe, por el que los padres y madres suelen enviar a sus hijos/as a estas actividades, es el deseo de querer desprenderse de ellos/as, la necesidad de que alguien se ocupe de ellos/as mientras nosotros empleamos ese tiempo para nuestras cosas.
Entonces, el pasar con mi hija toda la tarde jugando o haciendo lo que nos venga en gana en lugar de enviarla a clase de inglés como sus compañeros ¿no ha de ser ocuparme de mis cosas? ¿No será mi hija "cosa mía"? ¿Serán "cosas mías" ir a tomar un café con mis amigos/as sin tener a una personita demandando mi atención constantemente? ¿Es eso? ... Pues no lo entiendo.

A estos papás y mamás les ha venido de perlas un término muy extendido últimamente: "tiempo de calidad". Les ha venido como anillo al dedo el saber que, aunque decidas estar con tu hijo/a sólo una o dos horas al día (o a la semana), eso será suficiente para cubrir las necesidades afectivas de tu hijo/a, siempre y cuando ese tiempo sea de calidad.

¿Alguien puede explicarme qué es "tiempo de calidad"? ¿A alguien se le ha ocurrido la brillante idea de decirle a su jefe "esta semana vendré a trabajar 2 horas cada día, pero ese tiempo será de calidad"? Ja!

Una cosa es que, por circunstancias de la vida, un papá o una mamá se vean en la necesidad de dejar a su hijo/a haciendo alguna actividad que le han tenido que imponer, porque desgraciadamente su trabajo o la razón que sea, no se lo permite. Pero otra muy distinta es que se haga a lo loco, sin importar las consecuencias.

Pero lo más grave de este punto es la forma en que los papás y mamás intentan enmendar esta falta de presencia física para con sus hijos/as. Los padres y madres que crían así a sus hijos/as, suelen recompensarles con demasiados regalos, muchas veces inútiles y hasta dañinos. No les basta con una tarde en el cine, con un paseo por la playa, con compartir diversión en el parque, con una escapada a la montaña ... No, la recompensa ha de ser grande, del estilo de videoconsolas, una casa de muñecas o un camión que no caben en el cuato, etc, pues en su interior saben que el daño está siendo grande.


Muchos padres y madres se olvidan de que lo que tienen en casa son niños/as, y que como tal han de vivir su niñez, infancia o adolescencia. Muchos se olvidan de que estos niños y niñas necesitan el contacto de sus padres y madres, necesitan afecto, cariño, necesitan que sus padres y madres ESTÉN. Porque sólo así se consiguen adultos independientes, capaces de mirar adelante con seguridad, capaces de dar lo que se les ha dado, capaces de ser buenas personas.

Tal vez ese hijo/a no será Albert Einstein, Cristiano Ronaldo, Montserrat Caballé, Fernando Alonso, o Angelina Jolie. Pero tal vez sí sea una persona feliz, que disfrute haciendo lo que le gusta en realidad, que sepa luchar por lo que desea sin tener que dejar atrás cabezas cortadas, que no vea en los demás a sus rivales sino alguien más de quien aprender, que se sienta apoyado por las personas que más quiere, que sepa vivir con lo bonito y lo feo de la vida y disfrute de ello.


Dicen que los niños/as pequeños/as son como esponjas, que absorven mucha información en edades tempranas. Lo que muchos/as tal vez no sepan es que, como Amanda, algunas esponjas se acaban hundiendo.

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sábado, 18 de septiembre de 2010

EL APEGO III (La química del apego seguro, Los tabúes, Referencias)

LA QUÍMICA DEL APEGO SEGURO

Llegados a este punto, considero conveniente hacer mención a lo publicado en la web Bebés y más sobre la química del apego, y que transcribo literalmente:

Las hormonas son las encargadas de regular los sistemas del cuerpo y ayudar al individuo a reaccionar frente al medio ambiente. Una de estas hormonas es el cortisol, producida por las glándulas suprarrenales. Una de sus funciones es ayudar a las personas a afrontar el estrés y hacer ajustes corporales para hacer frente a situaciones de peligro. Para que el cuerpo funcione adecuadamente debe haber un equilibrio en los niveles de cortisol, si hay muy poco el cuerpo se “apaga”, si hay mucho se convierte en angustia.

El cortisol es una de las hormonas que desempeña un papel importante en las respuestas emocionales del individuo. Al revisar la calidad de apego entre madre e hijo, los investigadores han encontrado que el apego seguro mantiene al bebé en equilibrio emocional. Un vínculo inseguro, una respuesta inadecuada a las necesidades del bebé acostumbra a éste a un bajo nivel hormonal, lo que lo convierte en apático o puede mantener constantemente estrés debido a la alta concentración hormonal en su organismo traduciéndose en bebés angustiados.

El niño está en un estado hormonal que le proporciona bienestar, se esfuerza por mantener ese estado. Los científicos están confirmando que las mamás siempre han sabido que su presencia es importante para mantener la química hormonal del bebé.

No sólo la crianza con apego proporciona un equilibrio químico en los bebés. También ayuda a la madre. El comportamiento materno, especialmente la lactancia materna da lugar a un “torrente” de las hormonas prolactina y
oxitocina. Estas hormonas ayudan a la mujer a tener sentimientos maternales. De hecho puede decirse que son la base biológica de la intuición materna. Los niveles de prolactina aumentan de diez a veinte veces dentro de los treinta minutos después que comienza la lactancia materna.

La mayor parte de ella se irá de nuevo dentro de una hora. La prolactina tiene una acción corta, con la finalidad de obtener la respuesta de la madre de amamantar con frecuencia. Como dato curioso la oxitocina es una de las hormonas implicadas en el enamoramiento adulto.

Criar con el corazón
definitivamente es lo mejor para los padres, hijos y la sociedad en general. Por algo nos ocurre algo fisiológicamente con la maternidad y la paternidad, de esto la biología lo sabe muy bien.

REFLEXION FINAL: LOS TABÚES

Tras todo lo expuesto, podríamos hacer una reflexión de la crianza con apego, un breve resumen que nos haga entender que, tras este término tal vez desconocido para algunos, lo que se esconde en realidad no es nada nuevo ni que se haya inventado nadie, sino simplemente un modo de criar a nuestros hijos de forma respetuosa y cariñosa.

Y nada mejor que terminar con las palabras siempre claras y acertadas del pediatra Carlos González, recogidas de su libro “Bésame mucho”, cuando hace referencia a los tabúes de nuestra sociedad, esos que se han instalado de tal forma que impiden el que muchas madres puedan disfrutar de ese derecho.

Nuestra sociedad, tan comprensiva en otros aspectos, lo es muy poco con los niños y con las madres. Estos modernos tabúes podrían clasificarse en tres grandes grupos:

- Relacionados con el llanto: está prohibido hacer caso de los niños que lloran, tomarlos en brazos, darles lo que piden.

- Relacionados con el sueño: está prohibido dormir a los niños en brazos o dándoles pecho, cantarles o mecerles para que duerman, dormir con ellos.

- Relacionados con la lactancia materna: está prohibido dar el pecho en cualquier momento o en cualquier lugar; o a un niño “demasiado” grande.

Casi todos ellos tienen una cosa en común: prohíben el contacto físico entre madre e hijo. Por el contrario, gozan de gran predicamento todas aquellas actividades que tiendan a disminuir dicho contacto físico y a aumentar la distancia entre madre e hijo:

- Dejarlo solo en su propia habitación.

- Llevarlo en un cochecito o en uno de esos incomodísimos capazos de plástico.

- Llevarlo a la guardería lo antes posible (…)

- Enviarlo de colonias y campamentos lo antes posible y durante el mayor tiempo posible.

- Tener “espacios de intimidad” para los padres, salir si niños, hacer “vida de pareja”.

Aunque algunos intentan justificar estas recomendaciones diciendo que es “para que la madre descanse”, lo cierto es que nunca te prohíben nada cansado. (…) En realidad, lo prohibido suele ser la parte más agradable de la maternidad: dormirle en tus brazos, cantarle, disfrutar con él.

Tal vez por eso, criar a los hijos se hace tan cuesta arriba para algunas madres. (…)”


REFERENCIAS:

CARLOS GONZÁLEZ - “Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor”. Ediciones Temas de Hoy, S.A. 2003, 2006

LAURA GUTMAN – Artículo “Nosotros, los depredadores de la cría humana”

http://es.wikipedia.org/wiki/Crianza_con_apego

http://www.bebesymas.com/ser-padres/la-teoria-del-apego-de-john-bowlby

http://www.bebesymas.com/desarrollo/la-quimica-del-apego-seguro

http://www.criarconapego.com/informacion/el-apego/

EL APEGO II (Factores que favorecen vínculo entre humanos, La angustia de separación)

FACTORES QUE FAVORECEN EL VÍNCULO ENTRE HUMANOS

Tal y como recoge la Asociación Criar con Apego, existen varios factores que favorecen este vínculo:

· La lactancia materna: a demanda y hasta que madre e hijo así lo deseen

· El colecho: los hijos duermen con sus padres

· El contacto físico y la proximidad: empezando por el contacto piel con piel tras el nacimiento

· El respeto al recién nacido, niño y adolescente en todas sus etapas evolutivas en función de sus necesidades e intereses

· Fomentar el dialogo y la comunicación entre padres e hijos

· Compartir momentos de juego, ocio, entretenimiento, etc.

LA ANGUSTIA DE SEPARACIÓN

Un bebé criado sin apego, sufre lo que se ha dado en llamar angustia de separación, y nada mejor para entender este término que recurrir a uno de los textos del pediatra Carlos González “La angustia de la separación”, del que recogemos varios fragmentos interesantes que nos ayudarán a entender el apego.

“La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre…

¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una oscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas.

Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.

A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos… Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.

Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro.

La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como ésta… hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí.

Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.

Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto.

Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.

Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.”

“Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche.”

“La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.”

“El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando.

Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).

Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”…”

Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. (…) Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él… si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento.”

“Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia.”

“Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar… Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.

Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.”