“(…) no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.”

Laura Gutman

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sábado, 23 de febrero de 2013

"Conductismo: falsos mitos y carencias" - Ramón Soler.

Interesantísimo artículo sobre el conductismo en la crianza.  Merece la pena detenerse a leerlo todo y pararse a reflexionar.

En este contexto, donde lo que prima es el “ya” y el “ahora”, no es de extrañar que triunfe una terapia como el conductismo, que promete una rápida solución a los problemas de conducta y además, sin exigir un gran esfuerzo por nuestra parte.
(... ) Para encontrar una solución efectiva a nuestros problemas, debemos hallar su origen, profundizar en sus verdaderas causas y trabajarlas. Sin embargo, esto requiere más tiempo y, sobre todo, más esfuerzo personal y no todo el mundo está dispuesto a implicarse en su proceso de sanación. Buscamos la solución mágica, la píldora conductual que cambie lo que no nos gusta pero, sin tener que implicarnos emocionalmente en nuestro verdadero proceso de sanación.
Las técnicas conductistas se centran meramente en el síntoma, sin interesarse lo más mínimo por lo que sucede debajo de la superficie. Se utilizan los refuerzos y los castigos para provocar cambios relativamente rápidos en el individuo, pero con escasa consistencia a medio o largo plazo. Además, al no trabajar con la verdadera raíz del problema, lo único que logran estas técnicas es poner un parche temporal en la herida emocional, pero ésta, antes o después se reabre (por el mismo sitio o por otro) y el resultado final es que la persona sigue sufriendo.
Por fortuna, vivimos en el siglo XXI y las técnicas cognitivo-conductuales no son tan extremistas como lo eran hace unas décadas. Hoy en día, los métodos son más coloridos y aterciopelados que el brutal tratamiento que sufría Alex, el protagonista de “La naranja mecánica”, o la tortura a la que John Watson, padre del conductismo, sometió al pequeño Albert. Watson demostró que era capaz de inducir rápidamente una fobia a un bebé de menos de un año de edad. El procedimiento consistía en dar un fuerte martillazo mientras el niño jugaba con un ratoncillo blanco. El impacto, además de alarmar y asustar vivamente a la criatura, le provocaba un llanto desconsolado. En pocas sesiones, el niño asoció el miedo provocado por el estruendo del martillo, a la visión del ratón, con el mero hecho de ver al animalito, se le desencadenaban los mecanismos del llanto. También se comprobó que el niño había generalizado su miedo a cualquier cosa de color blanco. De esta forma tan poco ética, Watson demostró que podía manipular a su antojo a las personas. Posteriormente, dejó patente sus intenciones cuando dijo:
Dadme una docena de niños sanos, bien formados, para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo que yo pueda escoger -médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón- prescindiendo de su talento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados
Aunque algo más suavizada, en la actualidad, la filosofía de fondo sigue siendo la misma: controlar y manipular de manera artificial el comportamiento. Muchos justifican su eficacia porque utilizando estas técnicas, en lapso de tiempo breve, se consiguen cambios muy llamativos. Desde luego, es innegable que se consiguen resultados, pero éstos son superficiales y poco duraderos. Además, como veremos más adelante, las consecuencias a largo plazo nunca compensan los aparentes beneficios inmediatos.
Usar este tipo de técnicas con adultos me parece una manipulación carente de ética. Utilizarlas para someter y dirigir a los niños, roza peligrosamente el maltrato infantil. Pretender que los niños obedezcan y sigan ciegamente todo lo que los adultos planificamos para ellos, denota una completa falta de respeto hacia la infancia y un absoluto desconocimiento de las necesidades y los procesos madurativos del ser humano. Ya he comentado otras ocasiones que, en psicología (y, sobre todo, en psicología infantil), el fin no justifica los medios. No todo puede estar permitido para conseguir que los niños hagan lo que los adultos deseemos.
Ante todo lo que he ido exponiendo, Supernanny (un ejemplo de conductismo que todos conocemos) podría argumentar que sus técnicas funcionan, que consigue que los niños se porten bien y obedezcan utilizando premios, castigos y economía de fichas (darles estrellitas cuando hacen lo que deseamos). En efecto, tras unas cuantas sesiones, logra tener a los niños comiendo de su mano, al tiempo que encandila a los millares de padres que ven sus programas. Sin embargo, en vez de congratularme por el resultado, todo este tipo de programas me preocupan y me plantean graves dudas, entre ellas: ¿por cuánto tiempo funciona su tratamiento? ¿alguien ha vuelto un año después a ver cómo siguen esas familias? Y, sobre todo, ¿qué pasa, a largo plazo, con las consecuencias negativas que estas técnicas conllevan para los niños que las han sufrido?
(...)
Las consecuencias del conductismo, a medio y largo plazo, son muy variadas y nada beneficiosas para la salud mental del individuo. Los niños que son forzados a reprimir sus emociones y cuyas opiniones no son tenidas en cuenta, aprenden que el respeto se impone por la fuerza y que existe una jerarquía de dominio y órdenes a la que deben someterse “por su propio bien”, porque, el de arriba, el que manda, conoce, incluso mejor que ellos, sus necesidades. Además, estos niños, carecerán de la empatía necesaria para una convivencia pacífica. A la larga, se convertirán en adultos sumisos, obedientes y poco propensos a expresar disconformidad con la autoridad (tal y como se les enseñó de pequeños), pero también serán incapaces de conectar emocionalmente con los demás y abusarán del más débil siempre que tengan ocasión.

Podéis leer el artículo entero aquí. Sin duda merece la pena, no sólo este artículo, sino todos los demás.

sábado, 2 de junio de 2012

Hasta la corona de las princesas

Estos días me estoy dando cuenta de que, algo tan inocente a simple vista como llamarle a una niña "mi princesa", puede llegar a convertirse en algo tan dañino como que esa niña llegue a creerse una princesa de verdad. No una princesa como las de carne y hueso. Sino ese tipo de princesas de cuento, de esas que sólo se visten de rosa, que tienen que ir siempre impecables, y que se maquillan hasta para dormir.
Yo, que cuando nació mi niña prohibí a todos los que conocía que le regalasen ropita rosa, con lazos ni puntillas, pues no quería que mi hija pareciese un dulce de fresa (siento si hiero sensibilidades, pero es que no soporto el rosa bebé de los pies a la cabeza ni las niñas con lazos hasta en las braguitas). Los juguetes que entraban en casa eran desde muñecas hasta pelotas y coches. Nunca hicimos distinción entre "cosas para niñas y cosas para niños". De hecho, una de las primeras entradas de este blog, la dedicaba a la pasión de mi hija por las excavadoras, camiones, etc.
Pues ahora me veo en la tesitura de que mi niña no quiere nada que no sea ROSA.
No es que no me guste el color dichoso. Sino que llega un momento en que te aburre sobremanera cuando ves que tu hija llega a preferir tomarse un helado de fresa pese a que el sabor no es el que más le agrada, sólo porque es de color rosa.
Yo, que nunca me maquillo ni me pinto las uñas, que no uso tacones, que no voy "a la última" ... Pues viene mi enanita y me pregunta un día que por qué mis zapatos son todos tan bajitos.
Pero ahí no acaba la cosa.
Siempre he dejado en ella poder de decisión. Creo que es bueno para ella que pueda escoger lo que le gusta y no le gusta. Desde hace ya tiempo, normalmente es ella la que decide qué se quiere poner, e incluso vamos a comprar su ropa las dos juntas.
Pero últimamente esto se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para mí. En los comercios es ver algo rosa y querer llevárselo de inmediato aunque no hayamos ido específicamente a comprar algo, sino sólo a echar un vistazo. Sólo quiere ponerse ropa de color rosa y no permite que mami prefiera que un día se ponga unos vaqueros.

Y todo esto me plantea dudas.
No sé si hago bien en que ella escoja siempre lo que ha de ponerse.
No sé si en algo he fallado y la he incitado de alguna manera que no consigo ver, a que se crea una princesita que no puede salir de casa si no va mega perfecta.
No sé si esto va en los genes o es que la entrada al cole y la influencia de sus nuevas amigas tiene algo que ver.

Quiero pensar que es cosa de la edad, que es algo pasajero.

Aunque me queda la satisfacción de que todavía no me ha pedido que le ponga lazos en el pelo. Mientras tanto, tendré que aguantar estar rodeada de rosa.

lunes, 19 de marzo de 2012

Dejando la teta?

Hace tiempo, tuvimos un bache en la lactancia.
Por aquel entonces, yo no estaba preparada para terminar esa etapa.
Durante unos días, (en realidad fueron semanas) estuve convencida de que la lactancia se había terminado. Fue un gran bache. Pero como ya he dicho, yo no estaba preparada y mi duelo de lactancia fue enorme.
Sufrí en silencio, sin saber que sólo era eso: un bache. Y sin saber que un buen día, casi 3 semanas después de no probar NADA de teta, oiría las palabras mágicas "mami, tetiña!", y nuestro "baile tetil" (me gusta esta expresión aunque no esté bien dicha) comenzaba de nuevo.
Pero durante ese duelo que se me hizo eterno, escribí una carta a mi hija (como suelo hacer en ocasiones especiales), que quiero mostraros:

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mi linda Aroa, la luz de mis noches. Has llegado a mi vida para llenar mi corazón de sensaciones nuevas, desconocidas para mí.

Desde que te sentí en mis brazos, supe cómo quería criarte, educarte. Supe que los tópicos de la lactancia no habían sido escritos para nosotras.

Hubo quien quiso que no existiese ese vínculo, quien pretendió que llenase la casa de biberones. Querían buscar tiempo libre para mí, pero yo sólo quería estar contigo, quería ser yo la única q te alimentase, y un segundo sin ti era un segundo vacío para mi.

He derramado muchas lágrimas por las dificultades iniciales, porque no sabía cuáles eran tus necesidades, porque todavía no había aprendido a escucharte. Sólo cuando entendí lo que buscabas, cuando entendí que amamantar no sólo era dar leche a un bebé, cuando tú me hiciste ver que el tiempo es algo efímero y sin sentido cuando ambas podíamos disfrutar de la lactancia, sólo entonces empecé a disfrutar de este don que tenemos las mamás.

Hemos tenido varios baches a lo largo de estos 21 meses, yo he caminado a tu lado y tú al mío. Ambas establecimos un código único para las dos, un lenguaje secreto desconocido para los demás. La palabra “teti” pronunciada por ti, ha sido la mejor de las medicinas en momentos de bajón. El saber que me necesitabas, que sólo yo podía satisfacer tus necesidades en ese momento, el ver tu sonrisa cuando levantabas mi camiseta, esa sonrisa que iluminaba toda la habitación incluso a oscuras, me ha hecho sentirme la mamá más feliz del mundo.

No pienses que soy egoísta, tan sólo es amor de madre. Es la sensación de haber disfrutado de algo tan maravilloso que, cuando tienes que desprenderte de ello, no tienes más remedio que estar triste.

Hoy por fin he dejado de negar la realidad, hoy he decidido que tengo que dejar que sigas tu camino, que yo ya no puedo controlar todo tu mundo. He comprendido que tienes que crecer, que poco a poco has de ser más independiente de mamá y que, aunque de otra forma, yo seguiré estando a tu lado, dándote toda la protección y el respaldo que vayas necesitando en cada etapa de tu vida.

Mi pequeño tesoro, pequeño en tamaño pero grande en sentimientos, un día leerás esto y te preguntarás porqué mamá estaba tan triste. Yo no puedo explicarte realmente el porqué. Tan sólo espero poder dejarte el legado de lo mucho que he aprendido a quererte (y lo que me queda todavía). Espero que cuando seas mamá, puedas sentir lo que yo estoy sintiendo ahora, es doloroso, lo sé, pero es en este momento cuando más me he dado cuenta de todo lo que se puede llegar a querer a un hijo, de todo lo que se puede llegar a transmitirle a través de la lactancia.

Mamá está triste, pero también está contenta de haber llegado hasta aquí, sobre todo porque, antes de tenerte, ni se me había pasado por la imaginación amamantar durante todo este tiempo. Mamá está contenta porque sabe que una parte de mí siempre estará contigo. Mamá es feliz porque has sido tú la que has decidido el momento en que querías dejar atrás una etapa y comenzar con la siguiente, sin presiones, sin sentirte obligada. Mamá es feliz porque sabe que tú eres feliz.

Alguien ha obrado un milagro en mi vida. Y ese milagro eres tú. Gracias por haber llegado a mi vida.

Te quiere:

Mamá

Volviendo a leer esta carta, se me saltan las lágrimas recordando aquellos momentos. Se me encoge el corazón al pensar lo mal que me sentía cuando todo el mundo me daba la enhorabuena porque Aroa había dejado la teta, pues yo no quería palabras de alegría, yo quería que llorasen conmigo, que me acompañasen en mi dolor. Pero casi nadie lo entendió.

Pero ahora es diferente.
Como os habréis dado cuenta, he cambiado la imagen de mi perfil. Ahora aparecen los piececitos de mi pequeña. Porque de nuevo comenzamos otra etapa.
El comienzo del cole ha traído muchos cambios. Entre ellos, que Aroa ya no está tan interesada en la teta como antes. Lleva ya varios meses que no quiere la teta para dormirse, en su lugar, se acurruca entre mis brazos, le canto, le cuento un cuento, le hago unos masajes en los pies ... lo que a ella le apetezca.
Incluso cuando se despierta de noche, le basta con tenerme cerca, una caricia mía en su mejilla, y se vuelve a dormir, sin su "tetiña". Y ahora además, casi siempre duerme toda la noche, cosa que no ocurría hasta hace muy poco.
Pero es que además, por el día, son raras las veces que quiere teta. Algún día que otro, en momentos de necesidad de mimos extra: llega cansada del cole, se ha lastimado, etc.

Y como dije, ahora es diferente.
Esta vez, no hay duelo. La teta está ahí para cuando quiera, evidentemente, pero ya no siento el dolor que sentí entonces.
Ambas hemos disfrutado muchísimo con la lactancia, no sé si yo más que ella a pesar de las dificultades.
Pero es una etapa que ya se va quedando atrás; o al menos eso creo, igual me da una sorpresa un día y vuelve a mamar como hace 2 años.
Pero en este momento puedo decir que ambas estamos preparadas para pasar página y cambiar de capítulo. Nos hemos impregnado de cada momento, hemos disfrutado y hemos aprendido la una de la otra. Y ahora toca pasar a otra etapa.
Tan sólo me queda una sensación de morriña, añoranza, nostalgia, y el ser consciente de que mi niña está creciendo, que está dejando de ser ese bebecito adorable al que mamá le cantaba "Cinco lobitos tiene la loba..."

jueves, 12 de enero de 2012

Reflexión sobre la maternidad (por Mon)

Os apetece reflexionar sobre la maternidad?

Hoy os traigo las palabras de una mujer especial, una madre especial, una amiga virtual especial.

Rescato unos párrafos de la entrada en su blog Entre mimos y juguetes, que podéis ver íntegra aquí.

La maternidad es compleja, es viva, cambiante. Evoluciona. La maternidad es abstracta. Tiene que ver con experiencias, raices, herencia, costumbres, vivencias, consejos y reacciones externas, presiones... y todo un proceso interior que vives.

No siempre es la misma. Tú no eres la misma ni con respecto a las demás ni con respecto a tí misma si repites experiencia, ni tus "cachorros" son iguales. así que de algún modo siempre eres primeriza porque todo se vuelve único. Y no todo se vive en la misma dirección y sentido por muy segura que creas sentirte.

Quieres ser guía de tus hijos y son tus hijos los que te guían, los que te muestran su camino, con su ritmo, su caracter, sus necesidades y tú les acompañas... un paso detrás de ellos casi, porque cuando ya conoces, ya sabes, ya te encuentas, ellos ya han dado un paso más en su crecimiento.

A veces pienso que si viviera cien vidas sería cien madres diferentes.

viernes, 17 de junio de 2011

La nueva maternidad

En el blog Tenemos Tetas, realizan un bonito sorteo que podéis ver aquí. Se trata de dos lotes de libros, cada uno de ellos formado por dos títulos: "La nueva maternidad" (fantástica recopilación de 15 artículos de madres blogueras) y "Hermanos de Leche" (libro ilustrado para niños escrito por Ibone Olza).
Para participar en el sorteo, proponen que se escriba un texto explicando lo que consideremos que es para nosotras "la nueva maternidad", y aquí va mi reflexión:

Aquí, sentada frente al ordenador, pensando qué palabras poner para definir "la nueva maternidad", sólo puedo pensar que no hay una nueva maternidad, sino que siempre ha estado ahí, pero nuestra sociedad del progreso, de las prisas, del consumismo, del "valgo por lo que tengo", de la competitividad, del capitalismo ... se está encargando de arrebatarnos el significado del concepto de maternidad, tal vez para utilizarnos como conejillos de indias, o para que no nos desviemos del sistema y mantenernos controladas.
Cuando alguien me pregunta qué es para mí la maternidad, siempre recito las palabras de Laura Gutman que aparecen en la cabecera de mi blog:
no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.
... pues para mí, lo importante, es darse cuenta de que nos hemos convertido en madres y todo lo que eso conlleva. Es darse cuenta de que llevamos un ser indefenso en nuestra barriga, de que nos necesita y debemos respetarle a la hora de nacer, de que debemos procurarle todo el bienestar que podamos cuando por fin le tengamos en nuestros brazos, de que nosotras seguimos siendo su "todo", de que no sólo le alimenta nuestra leche, sino también nuestros cuidados, nuestros abrazos, nuestras caricias, nuestra atención y nuestra dedicación; de que debemos estar dispuestas a aprender de un ser súmamente emocional y límpio de corazón; de que debemos respetar sus momentos, sus tiempos.

He de confesar que pensé que me había convertido en madre cuando tuve por primera vez a Aroa en mis brazos. Pero días después, incluso meses, me sentía cualquier cosa menos madre, me sentía vacía. Imagino que muchas mujeres pasarán por esa sensación durante su posparto. Pero yo no me sentía vacía por no saber acallar los llantos de mi niña, ni por no poder estar decente físicamente al menos un día, ni por no poder atender las necesidades de mi marido, ni por sentirme apartada del mundo, ni por no tener ni idea de cómo dormir a mi hija o darle el pecho o cambiar un pañal. Me sentía vacía porque mi hija me reclamaba algo que yo le estaba negando. Me negaba a ver la evidencia de su llanto, me negaba a hacer aquello que era contrario a lo que todos me decían, pero que mi corazón gritaba sin cesar.

Y, como dice Laura Gutman (y vuelvo a parafrasear): "cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido." Porque me convertí en madre cuando tan sólo escuché a mi corazón y a mi hija. Y así sucedió con el tema de la lactancia.

Yo quería a toda costa darle el pecho a mi hija, no sabía exactamente por qué, pues durante el embarazo no lo veía como algo tan imprescindible, pero algo dentro de mí me decia una y otra vez que no podía rendirme. Los comentarios me hacían un daño increíble. Pero yo seguí dándome de bruces contra el suelo, viendo como mi hija lloraba todo el día (y parte de la noche), preguntándome si la estaba alimentando bien, si ella mamaba suficiente, si yo no estaría obsesionada con ese imposible del que todos me hablaban.

Entonces, un día probé con el biberón. Pero no había forma de que lo tomase. Recuerdo cómo me caían las lágrimas mientras intentaba que mi hija aceptase aquella tetina, recuerdo cómo mi pequeña lloraba porque le olía a teta y mamá le daba algo que ella no quería. Recuerdo cómo se me estrujaba el corazón y el alma, mientras le decía a mi niña entre sollozos que necesitaba que tomase aquel biberón. Paradógico, verdad? Así que me sentí vacía, ni mujer, ni madre ... sólo vacía.

Menos mal que mi niña era muy lista, y lo único que hizo fue llorar, llorar y llorar, y esperar a que mamá, rendida, volviese a sacar su teta. Y entonces su dolor se disipó, aunque no el mío.

Pero entonces un día, no sé cómo sucedió, dejé de querer escuchar los comentarios de los demás y le dije a mi pequeña: "si lloras tanto para que te escuche, pues es lo que voy a hacer: escucharte!". Y así fue. La escuché: ella sólo me quería a mí, al 100%, no me quería compartir con nadie más, no quería que me aferrase a lo que me decían los demás, quería que sólo la escuchase a ella, o tal vez que escuchase mi instinto de madre, porque realmente fue en ese momento cuando nació la madre que soy ahora. Y entonces me dí cuenta de que mi hija había estado llorando por mí, había estado sufriendo por lo que yo me negaba a hacer.

Por eso creo que el ser madre, el convertirse en madre, es estar dispuesta a aprender de nuestros hijos, incluso antes de nacer; es mirar la vida con sus ojos; es criar desde el respeto, la empatía, el cariño y el amor; es ser consciente de que nadie tiene derecho a decidir por nosotras ni por nuestros hijos; es no negarnos el reencuentro con nuestras sombras, nuestros miedos, nuestras dudas ... a reecontrarnos con nuestra esencia de mujer, con nuestro instinto más primitivo; es no temer a desnudar nuestra alma ante nuestros hijos; es no dudar en volver a ser niños, a revolcarnos en el suelo, a ensuciarnos en el barro de los charcos, a reír hasta no poder más, a abrir cajones para vaciarlos, a comer con las manos, a decir "no" cuando realmente sentimos que debemos decir "no"; ... es entregarnos a ser felices, sin más.

Así veo yo la nueva maternidad, esa maternidad que ha estado ahí desde el resurgir de la humanidad. Y creo que esta maternidad que despunta ahora, nos dará la razón. Porque lo veo en la cara de mi hija, porque lo veo en las caras de los niños cuyas mamás los crían desde el respeto y el amor profundo.

Ojalá un día no tengamos que hablar de "nueva maternidad", sino símplemente de maternidad, en todos los sentidos.

miércoles, 12 de enero de 2011

CONTROL DE ESFÍNTERES Y RETIRADA DEL PAÑAL (PARTE III)

Y por fin Aroa se ha decidido a hacer las cacas en el váter.
Así, como quien no quiere la cosa, la senté como otras veces porque me había pedido para hacer pipí, pero también quería hacer caquita, como siempre, en un pañal. Entonces le dije: "de acuerdo, entonces vamos primero a hacer el pipí y después te pongo un pañal para la caca, vale?" Ella aceptó de buen grado, pero el apretón debía ser bastante grande porque a la pobre le salió todo a la vez en el váter.
La fiesta fue tremenda: entre el ruído de las caquitas al caer, que yo me puse a gritar de alegría como una loca, que mi marido se unió a la juerga ... aquello se convirtió en todo un festival de risas. Y ella tan encantada con la celebración que lo estuvo contando a todas las personas que se ha ido encontrando durante el día.
La de cosas que llega uno a celebrar en su vida!

El caso es que desde que Aroa comenzó a hacer pipí sin necesidad del pañal, hemos pasado por muchos momentos de escapes. Pero ya lleva bastante tiempo que lo tiene muy bien controlado, a pesar de que sigue necesitando el pañal para la siesta de la tarde y para la noche. Sin embargo siempre ha tenido cierto temor a hacer las cacas en un lugar diferente del pañal.
Me peleé con varias personas que se empeñaban en que tenía que obligarla a que también hiciera sus caquitas en el váter (no llegué a las manos, pero ganas me faltaron). Pero yo sabía que todo tiene su momento y que su momento llegaría más tarde o más temprano. Y así ha sido.

Ays, mi pequeñina, que se hace mayor!

lunes, 25 de octubre de 2010

El instinto maternal

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Leyendo este artículo del blog Grupo Maternal http://grupomaternal.blogspot.com/2010/10/el-mito-de-la-maternidad.html, se me han venido a la cabeza un montón de aspectos de la maternidad y del hecho de ser mujer, que me han hecho reflexionar.

Además, y dado que me he sumergido en el mundo tan interesante de las doulas, a través de un curso que he comenzado hace poco con las maravillosas Nuria y Bea de Ser Doulas, estoy pasando por una etapa en la que mil preguntas asaltan mis pensamientos a lo largo del día, la maternidad vuelve a cobrar otro significado (si no lo había hecho ya desde el mismo instante en que me había quedado embarazada). Cada paso que doy en este camino de ser madre, pasa a ese rincón de mi cerebro que he etiquetado como "tema para ser cuestionado". Cada pregunta que me hago, me lleva a plantearme otra más; será que soy gallega (ese esteriotipo que tenemos los gallegos de responder con otra pregunta) o es que mi curiosidad por la maternidad, por conocer diferentes aspectos de la misma, el deseo de indagar en otros posibles sentimientos ... hagan que mi mente no pueda estar quieta ni un segundo?

Y mi reflexión es que vivimos en una época en la que las mujeres hemos perdido toda clase de referentes: tanto en la maternidad, como en la crianza, como en la adquisición de valores justos ... en ser mujeres conscientes en todos los aspectos.

Es como si alguien estuviese tejiendo los hilos para que nos desvinculásemos de nuestra condición de mujeres: queremos trabajar a toda costa (cosa que veo fenomenal, pero hay quien se ve obligada por el qué dirán los demás si se queda en casa a cuidar de sus hijos); dejamos de amamantar para poder dedicarnos a "nuestras cosas"; nos unimos a ese canon de mujer 10 con unas medidas ... perfectas? para gustar a todo el mundo y nos olvidamos de nuestro yo, de nuestra mujer individual y única; nos desvinculamos de nuestros hijos con el pretexto de que así llegarán a ser más independientes; desvirtuamos el poder de otras mujeres, nos atacamos a nosotras mismas, luchamos contra las demás por conseguir llegar a lo más alto cueste lo que cueste; vivimos los embarazos como algo ajeno a nosotras, como algo que depende de varios resultados médicos y sólo deseando que pasen ya los 9 meses de rigor, sin pararnos a experimentar con todas y cada una de las sensaciones que nos brinda ese nuevo ser que va creciendo en nuestro interior. Creo que no me apetece seguir ...

Creo que por todo esto es por lo que hemos perdido nuestro instinto. Muchas mujeres quisieran encontrarlo, pero les es totalmente imposible pues carecen de referentes que se lo hagan rescatar del olvido en que ha caído a lo largo de los años. Y creo que por esta razón es por la que nos aferramos desesperadamente a las opiniones y consejos de los profesionales. Los convertimos en nuestro referente. Pero a continuación llega el caos, pues cada uno tiene su opinión, cada persona que pasa por tu vida te da un consejo (la mayoría de las veces gratuíto) diferente. Y entonces comienza una etapa de confusión en la que se lee y escucha de todo, se van descartando opciones (sin saber si son o no las acertadas), y a veces nos llegamos a guiar por una mezcla de varias teorías.

Y esto es lo que me hace comprender más si cabe, la labor de una doula, y plantearme una serie de preguntas: es posible que una doula, a través de su labor de acompañamiento, pueda hacer que una mujer recupere su instinto? Puede una doula establecer una unión con la madre similar a la que se produce en un círculo de mujeres? Es lícito que una doula se sienta frustrada cuando no consigue que una madre a la que acompaña escoja un camino de manera consciente (sea o no lo que la doula esperaba)?


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domingo, 3 de octubre de 2010

Por qué amamantar y por qué no amamantamos.


Desde el blog Tenemos Tetas, Ileana (como siempre tan acertada) recoge una presentación de Jesusa Ricoy que no os podéis perder, así como tampoco debéis perder la oportunidad de mostrarla a todos cuantos conozcáis, a ver si de una vez por todas la gente se entera de la verdad sobre las leches artificiales y de la importancia del amamantamiento.

http://www.tenemostetas.com/2010/10/por-que-amamantar-y-por-que-no.html

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sábado, 2 de octubre de 2010

Algunas esponjas también se hunden




Había una vez una esponja violeta llamada Amanda, no sé si familiar del tan conocido Bob. Pero ella no era tan famosa, muy al contrario, solía pasar bastante desapercibida. Pero era feliz.
Como a todas las esponjas, a Amanda le encantaba jugar, chapotear, llenarse de agua y luego dejarla caer.
Sin embargo, pese a que su misión era la de estar a menudo en contacto con el agua, Mateo, su dueño de 4 años, no le permitía zambullirse en lugares donde el agua subiera más de un palmo. Pero sus papás estaban deseosos de que lo hiciera, querían que su esponjita Amanda llegara a ser tal y como eran las demás, y que no se quedase olvidada en un rincón cuando Mateo cogía a las demás esponjas de colores y las metía con él en su bañera para jugar. Sus papás también deseaban que Amanda pudiera zambullirse en aquel mar de agua dulce y jabonosa y que demostrase que ella podía flotar y moverse con mayor soltura que las demás.
Así que un día, sin consultar a su pequeña, los papás de Amanda la colocaron en el primer lugar de la fila de esponjas, aunque Mateo ni se había dado cuenta, tan acostumbrado como estaba a que Amanda siempre se quedase en su rincón.
Pero fue así como Amanda entró en contacto con una cantidad de agua mayor de la que acostumbraba. La sensación fue sumamente agradable, el no notar nada bajo su cuerpecito poroso era sencillamente satisfactorio.
Sin embargo, Amanda comenzó a llenarse de agua, ésta iba recorriendo todo su ser poco a poco. Y, de repente, Amanda notó como cada vez el agua comenzaba a cubrirla más y más. Hasta que, finalmente, acabó en el fondo de la bañera, de donde ya no pudo emerger.
- "Mamá" - dijo Mateo - "¿ves como esta esponja no flota? No la quiero, no puedo jugar con ella en la bañera".
- "Está bien hijo, no te preocupes. La tiraremos a la basura y mañana te compraré otra esponja violeta que flote como las demás".

Moraleja: Algunas esponjas también pueden llegar a hundirse.
Es un relato un poco triste, lo sé. Pero se me acaba de ocurrir al comentar con unas chicas de A Brazos (el grupo de crianza al que pertenezco), el hecho de que algunos papás y mamás se empeñen en enviar a sus hijos/as a demasiadas actividades extraescolares.

Pero, ¿cuál es el motivo que lleva a un padre o una madre a enviar a una clase extraescolar a su pequeño/a? Salvando las excepciones, se me ocurren dos motivos, y hablo desde mi propia experiencia con personas cercanas:

-Estaréis conmigo en que vivimos un momento donde el que más pisotea es el que más lejos llega. Pero este modo de vida tan destructivo, ha traspasado los límites de la edad adulta y, cada vez más, se traslada a la infancia.

Los papás y mamás "modernos", tenemos la estúpida idea de que nuestros/as hijos/as llegarán más lejos cuantos más conocimientos tengan. Pero ¿acaso no se adquieren también conocimientos cuando conversamos con ellos, cuando jugamos, cuando comparten con nosotros actividades cotidianas en casa, cuando nos acompañan a hacer la compra o a hacer gestiones, cuando miramos desde la ventana las gotas de lluvia que caen en la calle, cuando observamos las formas extrañas y sorprendentes que adquieren las nubes movidas por el viento, cuando observan cómo papá se ensucia arreglando el coche? Si no es así, entonces mi idea del término "adquirir conocimientos" está totalmente equivocada.

Y a veces creo que es así, pues en general, los conocimientos que parece que llevan al éxito son aprender inglés (u otro idioma), tocar un instrumento, bailar danza clásica o, símplemente, acudir a clases particulares para reforzar lo aprendido.

Todo esto, por supuesto, está muy bien, y tal vez mi hija algún día haga alguna (o varias) de estas cosas. Pero no por IMPOSICIÓN. Primero necesito ver que mi hija tiene una habilidad innata que es necesario reforzar, pues tal vez por ahí vaya su futuro y no puedo dejarla pasar.

Pero lo que no puedo permitir es imponerle que haga tal o cual actividad sólo porque fulanito o menganita lo hacen, porque así será más lista, porque así destacará sobre los demás. Esto sería muy injusto para mi hija.

- Otro motivo, más dañino que el anterior si cabe, por el que los padres y madres suelen enviar a sus hijos/as a estas actividades, es el deseo de querer desprenderse de ellos/as, la necesidad de que alguien se ocupe de ellos/as mientras nosotros empleamos ese tiempo para nuestras cosas.
Entonces, el pasar con mi hija toda la tarde jugando o haciendo lo que nos venga en gana en lugar de enviarla a clase de inglés como sus compañeros ¿no ha de ser ocuparme de mis cosas? ¿No será mi hija "cosa mía"? ¿Serán "cosas mías" ir a tomar un café con mis amigos/as sin tener a una personita demandando mi atención constantemente? ¿Es eso? ... Pues no lo entiendo.

A estos papás y mamás les ha venido de perlas un término muy extendido últimamente: "tiempo de calidad". Les ha venido como anillo al dedo el saber que, aunque decidas estar con tu hijo/a sólo una o dos horas al día (o a la semana), eso será suficiente para cubrir las necesidades afectivas de tu hijo/a, siempre y cuando ese tiempo sea de calidad.

¿Alguien puede explicarme qué es "tiempo de calidad"? ¿A alguien se le ha ocurrido la brillante idea de decirle a su jefe "esta semana vendré a trabajar 2 horas cada día, pero ese tiempo será de calidad"? Ja!

Una cosa es que, por circunstancias de la vida, un papá o una mamá se vean en la necesidad de dejar a su hijo/a haciendo alguna actividad que le han tenido que imponer, porque desgraciadamente su trabajo o la razón que sea, no se lo permite. Pero otra muy distinta es que se haga a lo loco, sin importar las consecuencias.

Pero lo más grave de este punto es la forma en que los papás y mamás intentan enmendar esta falta de presencia física para con sus hijos/as. Los padres y madres que crían así a sus hijos/as, suelen recompensarles con demasiados regalos, muchas veces inútiles y hasta dañinos. No les basta con una tarde en el cine, con un paseo por la playa, con compartir diversión en el parque, con una escapada a la montaña ... No, la recompensa ha de ser grande, del estilo de videoconsolas, una casa de muñecas o un camión que no caben en el cuato, etc, pues en su interior saben que el daño está siendo grande.


Muchos padres y madres se olvidan de que lo que tienen en casa son niños/as, y que como tal han de vivir su niñez, infancia o adolescencia. Muchos se olvidan de que estos niños y niñas necesitan el contacto de sus padres y madres, necesitan afecto, cariño, necesitan que sus padres y madres ESTÉN. Porque sólo así se consiguen adultos independientes, capaces de mirar adelante con seguridad, capaces de dar lo que se les ha dado, capaces de ser buenas personas.

Tal vez ese hijo/a no será Albert Einstein, Cristiano Ronaldo, Montserrat Caballé, Fernando Alonso, o Angelina Jolie. Pero tal vez sí sea una persona feliz, que disfrute haciendo lo que le gusta en realidad, que sepa luchar por lo que desea sin tener que dejar atrás cabezas cortadas, que no vea en los demás a sus rivales sino alguien más de quien aprender, que se sienta apoyado por las personas que más quiere, que sepa vivir con lo bonito y lo feo de la vida y disfrute de ello.


Dicen que los niños/as pequeños/as son como esponjas, que absorven mucha información en edades tempranas. Lo que muchos/as tal vez no sepan es que, como Amanda, algunas esponjas se acaban hundiendo.

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sábado, 18 de septiembre de 2010

EL APEGO III (La química del apego seguro, Los tabúes, Referencias)

LA QUÍMICA DEL APEGO SEGURO

Llegados a este punto, considero conveniente hacer mención a lo publicado en la web Bebés y más sobre la química del apego, y que transcribo literalmente:

Las hormonas son las encargadas de regular los sistemas del cuerpo y ayudar al individuo a reaccionar frente al medio ambiente. Una de estas hormonas es el cortisol, producida por las glándulas suprarrenales. Una de sus funciones es ayudar a las personas a afrontar el estrés y hacer ajustes corporales para hacer frente a situaciones de peligro. Para que el cuerpo funcione adecuadamente debe haber un equilibrio en los niveles de cortisol, si hay muy poco el cuerpo se “apaga”, si hay mucho se convierte en angustia.

El cortisol es una de las hormonas que desempeña un papel importante en las respuestas emocionales del individuo. Al revisar la calidad de apego entre madre e hijo, los investigadores han encontrado que el apego seguro mantiene al bebé en equilibrio emocional. Un vínculo inseguro, una respuesta inadecuada a las necesidades del bebé acostumbra a éste a un bajo nivel hormonal, lo que lo convierte en apático o puede mantener constantemente estrés debido a la alta concentración hormonal en su organismo traduciéndose en bebés angustiados.

El niño está en un estado hormonal que le proporciona bienestar, se esfuerza por mantener ese estado. Los científicos están confirmando que las mamás siempre han sabido que su presencia es importante para mantener la química hormonal del bebé.

No sólo la crianza con apego proporciona un equilibrio químico en los bebés. También ayuda a la madre. El comportamiento materno, especialmente la lactancia materna da lugar a un “torrente” de las hormonas prolactina y
oxitocina. Estas hormonas ayudan a la mujer a tener sentimientos maternales. De hecho puede decirse que son la base biológica de la intuición materna. Los niveles de prolactina aumentan de diez a veinte veces dentro de los treinta minutos después que comienza la lactancia materna.

La mayor parte de ella se irá de nuevo dentro de una hora. La prolactina tiene una acción corta, con la finalidad de obtener la respuesta de la madre de amamantar con frecuencia. Como dato curioso la oxitocina es una de las hormonas implicadas en el enamoramiento adulto.

Criar con el corazón
definitivamente es lo mejor para los padres, hijos y la sociedad en general. Por algo nos ocurre algo fisiológicamente con la maternidad y la paternidad, de esto la biología lo sabe muy bien.

REFLEXION FINAL: LOS TABÚES

Tras todo lo expuesto, podríamos hacer una reflexión de la crianza con apego, un breve resumen que nos haga entender que, tras este término tal vez desconocido para algunos, lo que se esconde en realidad no es nada nuevo ni que se haya inventado nadie, sino simplemente un modo de criar a nuestros hijos de forma respetuosa y cariñosa.

Y nada mejor que terminar con las palabras siempre claras y acertadas del pediatra Carlos González, recogidas de su libro “Bésame mucho”, cuando hace referencia a los tabúes de nuestra sociedad, esos que se han instalado de tal forma que impiden el que muchas madres puedan disfrutar de ese derecho.

Nuestra sociedad, tan comprensiva en otros aspectos, lo es muy poco con los niños y con las madres. Estos modernos tabúes podrían clasificarse en tres grandes grupos:

- Relacionados con el llanto: está prohibido hacer caso de los niños que lloran, tomarlos en brazos, darles lo que piden.

- Relacionados con el sueño: está prohibido dormir a los niños en brazos o dándoles pecho, cantarles o mecerles para que duerman, dormir con ellos.

- Relacionados con la lactancia materna: está prohibido dar el pecho en cualquier momento o en cualquier lugar; o a un niño “demasiado” grande.

Casi todos ellos tienen una cosa en común: prohíben el contacto físico entre madre e hijo. Por el contrario, gozan de gran predicamento todas aquellas actividades que tiendan a disminuir dicho contacto físico y a aumentar la distancia entre madre e hijo:

- Dejarlo solo en su propia habitación.

- Llevarlo en un cochecito o en uno de esos incomodísimos capazos de plástico.

- Llevarlo a la guardería lo antes posible (…)

- Enviarlo de colonias y campamentos lo antes posible y durante el mayor tiempo posible.

- Tener “espacios de intimidad” para los padres, salir si niños, hacer “vida de pareja”.

Aunque algunos intentan justificar estas recomendaciones diciendo que es “para que la madre descanse”, lo cierto es que nunca te prohíben nada cansado. (…) En realidad, lo prohibido suele ser la parte más agradable de la maternidad: dormirle en tus brazos, cantarle, disfrutar con él.

Tal vez por eso, criar a los hijos se hace tan cuesta arriba para algunas madres. (…)”


REFERENCIAS:

CARLOS GONZÁLEZ - “Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor”. Ediciones Temas de Hoy, S.A. 2003, 2006

LAURA GUTMAN – Artículo “Nosotros, los depredadores de la cría humana”

http://es.wikipedia.org/wiki/Crianza_con_apego

http://www.bebesymas.com/ser-padres/la-teoria-del-apego-de-john-bowlby

http://www.bebesymas.com/desarrollo/la-quimica-del-apego-seguro

http://www.criarconapego.com/informacion/el-apego/