“(…) no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.”

Laura Gutman

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jueves, 25 de julio de 2013

Bágoas en Santiago

Permitídeme que hoxe me exprese na miña lingua, para falar dos meus sentimentos neste día tan tráxico.
Hoxe, milleiros de persoas derraman as súas bágoas polos falecidos e os feridos no accidente ferroviario de onte en Santiago. Bágoas polos seus familiares, polos amigos,  polos que estiveron a piques de ir nese tren.
Pero bágoas tamén pola solidariedade que se demostrou neses tráxicos momentos. O altruísmo das xentes da nosa terra, dos voluntarios, dos profesionáis en paro que voltaron traballar porque eles sí que fan o que realmente saben facer, por aqueles que deixaron as súas vacacións para prestar axuda. Por todos aqueles que doaron o seu sangue sen pensalo dúas veces.
Todos eles son os que verdadeiramente merecen ocupar os titulares das noticias nos diferentes medios, e non as visitas duns e outros políticos e autoridades que se achegan cos seus traxes para pasearse pola zona e, según din, ofrecer apoio ás familias.
A verdadeira axuda non se atopa nunha foto. Se queres axudar, non vés cun traxe, vés disposto a manchar as mans no que faga falla.

Hoxe foi un día estrano para mín.
Onte asistín a unha cea con mulleres incríbles, mulleres que me ensinan cousas sobre mín cada día. Chegaba á casa pasadas as dúas da madrugada, coa miña cabeza chea de pensamentos positivos, coas boas vibracións que lle quedan a un cando comparte momentos tan especiais coas persoas adecuadas.
Pero entón, escoito a noticia na radio. E as boas vibracións se esvaecen.
Foi un sentimento contradictorio, coma se non tivese dereito a estar rindo e pasándoo ben xusto no momento en que se producía o accidente. Coma se traicionase a toda aquela xente.
Sei que pode parecer unha estupidez, pero é así como me sentín hoxe todo o día.

Gostaríame que todo o mundo soubese que o verdadeiro significado do 25 de Xullo, día de Santiago de Compostela, quedou ben plasmado no comportamento exemplar de tódalas personas que comentéi antes.

O meu máis sinceiro pésame a tódalas familias e amigos que deixaron atrás a algún ser querido. E os meus desexos de pronta recuperación a os feridos.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Cara a cara con mis heridas

Ultimamente suelo decir que soy una persona que funciona a base de "patadas en el trasero". Y esta vez, no ha sido diferente.
Y es que, en ocasiones, es necesario tocar fondo para que una persona se dé cuenta de quién es en realidad, de lo que quiere, de a dónde quiere ir, de quién quiere que forme parte de su proceso y quién no.
Y a ese fondo es al que yo llegué hace una semana, y de ahí mi entrada anterior.
Una persona, con poco significado en mi vida, tocó una parte de mi que todavía está sin sanar, esa herida abierta que no consigo cerrar, esa sombra que lleva conmigo desde mi nacimiento. Esa herida que se llama "no sentirse aceptada".
Esa persona se ensañó conmigo, tal vez porque nuestra visión de las cosas es totalmente opuesta. Y reabrió mi herida.
Y entonces, el sentirme atacada, el no saberme aceptada por ella, la impotencia de no poder hacerle entender que mis actos no eran nada personal contra ella, la imposibilidad de convencerla de que no soy tan mala como ella me quiso ver, todo eso me hundió.
Y sólo quise desaparecer, esconderme bajo tierra. Y sentí que había defraudado a alguien. Y senti que me había defraudado a mi misma.
Pero después, sobrevinieron una serie de acontecimientos que cambiaron totalmente mi visión.
Empezando por mi hija.
El domingo pasado, hundida, sin ganas de nada, y menos de trasladar mis sensaciones a mi niña, le expliqué en su cama, mientras nos acostábamos, mis sentimietos. Le pedí disculpas por no haber podido estar con ella como otras veces, por haber gritado algo más de la cuenta, por ignorarla demasiado. Le expliqué que desearía meter la cabeza bajo tierra como el avestruz Mari Luz del cuento que había leído  hacía unos días. Y entonces ella me dice que, al igual que en el cuento, donde unos animalitos tiran de la cola del avestruz porque a ésta le había quedado la cabeza atascada en su agujero, papá y ella tirarán de mi cola para que pueda salir de mi agujero. Qué sabios son los niños, y cuánto esfuerzo hacen a veces por sanar nuestras heridas!
El lunes, una charla muy especial con una amiga muy especial. A la noche, un concierto en Santiago de Compostela donde vi muchas cosas, entre otras cosas, una escalera que lleva hacia una luna inmensa. Y una voz en mi oído diciéndome: "the Moon and you". Unas copas en un bar llamado Momo, como ese libro que me marcó cuando tan sólo tenía 12 años, que supondría en mí un antes y un después en mi forma de ver el mundo....
Señales, muchas señales. Situaciones que para nada han sido casualidades.
Y de ese lunes, de todas y cada una de las cosas que viví ese día, saqué las siguientes conclusiones:
- que no puedo centrarme siempre en lo que los demás opinen o piensen de mi. Cada uno es libre de pensamiento, al igual que yo lo soy, y no puedo agradar a todo el mundo.
- que no me sirve de nada gastar mi energía en alguien con quien no comparto absolutamente nada.
- que cada uno tiene su proceso, y a mí sólo me corresponde ocuparme del mío. El que tengan que seguir los demás les corresponde a ellos y no puedo decidir yo cómo, cuándo y de qué manera han de hacerlo.
- que el tocar fondo, me ha hecho entablar una lucha conmigo misma, me ha hecho desprenderme de algunas de mis corazas y verme de frente.
- que esta situación traumática anímicamente, ha venido a darme esa "patada en el trasero" para que me diese cuenta de que tal vez estaba gastando demasiada energía en un proyecto y dejando de lado aspectos de mi vida a los que debo más atención (entre ellos, mi propia hija)
- que tengo que releer Momo, de Michael Ende.
- y sobre todo, que tengo que seguir trabajando en mi herida, que hoy, por suerte, tengo un poquito más cerrada.
Y todo este proceso, ha tenido su colofón ayer domingo. Reunión con mujeres maravillosas, sabias, conscientes, con una capacidad de escucha admirable. Un momento de terapia en toda regla.
Gracias a todas ellas por permitirme formar parte de un trocito de sus vidas.
Gracias también a todas aquellas personas, incluídas las que habéis comentado en este blog, que durante estos días me habéis ofrecido vuestras palabras sinceras, por los mensajes de ánimo, por el saber escuchar, por los abrazos, por los silencios compartidos, ...
Hoy, sin duda, tengo ansias de volver a volar.

Os dejo un fragmento de Momo, que siempre ha tenido un significado especial. Hoy, su significado cobra una dimensión especial en mí:
—Ves, Momo —le decía, por ejemplo—, las cosas son así: a
veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan
terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:
—Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa.
Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace
más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener
miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando
por delante. Así no se debe hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
—Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez,
¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la
inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada
más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
—Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces
se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
—De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha
barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y
no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
—Eso es importante.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Primer gran fracaso de vuelo

Llevaba un tiempo practicando mi vuelo particular, descubriendo cosas nuevas, reafirmándome en mis convicciones, en mi forma de actuar. Por fin comenzaba a desplegar mis propias alas, siendo consciente de todas y cada una de las cosas que iban sucediendo a mi alrededor.
Pero un día llega el momento del gran salto. El momento de decir lo que una piensa porque es así como cree que debe ser.
Sin embargo, no siempre los primeros saltos al vacío son fáciles. Muy al contrario. En muchas ocasiones se tornan en una caída en espiral, una caída tan abrumadora que ni siquiera se es capaz de encontrar la forma de utilizar las recién estrenadas alas de forma correcta.
Y entonces llega el gran batacazo.
En ese momento, lo ideal seria levantarse, con más fuerza que antes, con la esperanza de que el siguiente vuelo será más fructífero.
Pero no está siendo ese mi caso. Las inseguridades han vuelto a aparecer y las ganas de volar se han desvanecido.
Me pregunto de qué vale volar cuando estás metido en una jaula que no te lleva a ningún sitio.
Por ahora me toca esperar, ver, recapacitar, aprender del error. Y tal vez, más adelate, poder volver a probar, porque siento que no estaba preparada para el gran salto. O quizás es que otras aves más poderosas surcan mi cielo impidiéndome disfrutar de mi espacio.
Y la vez de todo esto, siento rabia, frustración. Porque el abandonar mi vuelo ha hecho que deje de lado también proyectos en los que tenía puestas todas mis ilusiones.
Pero tal vez sea el momento de dedicar mis esfuerzos a lo que tengo más cerca de mí. Tal vez el universo me está pidiendo que vuele, pero en otra dirección y que gaste mis energías en aquellos que de verdad me necesitan.
Por el momento, siento que necesito hibernar, meditar, recapacitar. Espero que mi letargo emocional no dure demasiado.

domingo, 10 de junio de 2012

Echar a volar

Alguna vez os he comentado lo difícil que me resultaba dejar volar a Aroa, sobre todo durante el comienzo del cole este año. Por un lado, necesitaba que volase, que encontrase un espacio diferente al que había tenido hasta ese momento, y en el que se sintiese a gusto. Pero por otro, mis propios miedos, mi yo-niña, no se lo permitían. Y lo que yo pensaba que era amor de madre por protegerla, a veces se convertía en ponerle una muralla demasiado alta.

Pero finalmente, comencé a derribar parte de esa muralla, hasta dejarla a una altura no muy alta, para que no fuese imposible de saltar; y no muy baja, para que también conociese el esfuerzo que se requiere para alcanzar lo que hay al otro lado.

Y creo que, al fin, estoy dejando volar a mi pequeña.

Y si soy sincera, puedo afirmar que ha sido harto difícil. Difícil para mí, pues durante todo este tiempo mi niña se convirtió en el eje central de mi vida, llegando a veces a depender yo de ella y no al revés, incluso emocionalmente, y creo que eso llegó a asfixiarla bastante. Pero sobre todo, ha sido difícil para ella, pues no sólo ha estado intentando enfrentarse al mundo que iba descubriendo día a día, sino también al mundo interior de mami: un mundo complejo, lleno de inseguridades, temores, inquietudes, inexperiencia, miedo, ...

Pero, por circunstancias de la vida, por grandes mujeres con las que me he topado desde que soy madre, por situaciones que he vivido, por libros que han llegado a mí, por experiencias que me han ido llegando de otras madres, por "casualidades" que me han ido sucediendo y, sobre todo, por la llegada de mi hija, por todo esto y por muchas cosas más, he ido tomando conciencia de muchas cosas. Las casualidades han ido dejando paso a sucesos a tener en cuenta, a pistas para tomar decisiones, a respuestas a los miles de interrogantes, etc.

Y por todas esas circunstancias, y por la consciencia que cada día se expande más y más en mí, estoy dejando que mis propias alas comiencen a desplegarse.
Tan sólo asoman vagamente, porque han estado demasiado tiempo replegadas. Intentan abrirse tímidamente, con cautela. Porque lo que hay por delante, aunque con ganas de descubrirlo, es algo desconocido.
Pero tienen ganas de volar.

Y ahora que han dado el primer paso, siento que ya no hay marcha atrás.

sábado, 2 de junio de 2012

Hasta la corona de las princesas

Estos días me estoy dando cuenta de que, algo tan inocente a simple vista como llamarle a una niña "mi princesa", puede llegar a convertirse en algo tan dañino como que esa niña llegue a creerse una princesa de verdad. No una princesa como las de carne y hueso. Sino ese tipo de princesas de cuento, de esas que sólo se visten de rosa, que tienen que ir siempre impecables, y que se maquillan hasta para dormir.
Yo, que cuando nació mi niña prohibí a todos los que conocía que le regalasen ropita rosa, con lazos ni puntillas, pues no quería que mi hija pareciese un dulce de fresa (siento si hiero sensibilidades, pero es que no soporto el rosa bebé de los pies a la cabeza ni las niñas con lazos hasta en las braguitas). Los juguetes que entraban en casa eran desde muñecas hasta pelotas y coches. Nunca hicimos distinción entre "cosas para niñas y cosas para niños". De hecho, una de las primeras entradas de este blog, la dedicaba a la pasión de mi hija por las excavadoras, camiones, etc.
Pues ahora me veo en la tesitura de que mi niña no quiere nada que no sea ROSA.
No es que no me guste el color dichoso. Sino que llega un momento en que te aburre sobremanera cuando ves que tu hija llega a preferir tomarse un helado de fresa pese a que el sabor no es el que más le agrada, sólo porque es de color rosa.
Yo, que nunca me maquillo ni me pinto las uñas, que no uso tacones, que no voy "a la última" ... Pues viene mi enanita y me pregunta un día que por qué mis zapatos son todos tan bajitos.
Pero ahí no acaba la cosa.
Siempre he dejado en ella poder de decisión. Creo que es bueno para ella que pueda escoger lo que le gusta y no le gusta. Desde hace ya tiempo, normalmente es ella la que decide qué se quiere poner, e incluso vamos a comprar su ropa las dos juntas.
Pero últimamente esto se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para mí. En los comercios es ver algo rosa y querer llevárselo de inmediato aunque no hayamos ido específicamente a comprar algo, sino sólo a echar un vistazo. Sólo quiere ponerse ropa de color rosa y no permite que mami prefiera que un día se ponga unos vaqueros.

Y todo esto me plantea dudas.
No sé si hago bien en que ella escoja siempre lo que ha de ponerse.
No sé si en algo he fallado y la he incitado de alguna manera que no consigo ver, a que se crea una princesita que no puede salir de casa si no va mega perfecta.
No sé si esto va en los genes o es que la entrada al cole y la influencia de sus nuevas amigas tiene algo que ver.

Quiero pensar que es cosa de la edad, que es algo pasajero.

Aunque me queda la satisfacción de que todavía no me ha pedido que le ponga lazos en el pelo. Mientras tanto, tendré que aguantar estar rodeada de rosa.

lunes, 16 de abril de 2012

17 de abril de 2007

No, no, no me he equivocado con el título.
Hoy me voy a remontar al 2007, para contaros el porqué esta fecha, el 17 de abril, ha pasado a ser un día especial en mi vida.
Como os avancé en la entrada del sorteo, hubo un 17 de abril especial. Y, sin embargo, a pesar de serlo, el día que comencé a escribir en este blog no fui consciente de ello. Y cuando, poniendo la entrada del sorteo, me di cuenta de que el blog lo había creado justo en esa fecha, el corazón me dio un pálpito, de alegría, por supuesto.
En realidad la cosa no es para tanto, aunque para mí, esa fecha no se borrará jamás.

Ese día, el 17 de abril de hace 5 años, era la fecha señalada en el calendario para que, un mes más, la menstruación hiciese su aparición. Pero no lo hizo. Tampoco lo hizo el día siguiente, ni el siguiente más, ni la semana que vino después, ni los meses posteriores ...
Ese día, algo estaba ya floreciendo en mí.


Podrá parecer algo absurdo, pero para mí es algo que me ha marcado.
En ese momento comencé a ver la menstruación no como algo sucio, desagradable, cansino. Sino como esa parte tan importante de cada mujer que hace posible la vida. Cada ser humano que mece la Madre Tierra, incluso los de aquellos cuyos corazones se han apagado antes de tiempo, son fruto del jugo carmesí que se desprende de nuestros cuerpos.
Entonces entendí también el baile de la vida y la muerte: así como una vida se tiene que despedir para dar paso a otra, así nuestra menstruación debe cesar para que nuestro cuerpo cree a un nuevo ser.
Y, si lo miramos bien, acabamos siendo lo mismo que fuimos antes de comenzar a vivir.

Puede parecer triste.
Sin embargo, creo que es pura magia

jueves, 1 de marzo de 2012

Cuando el tojo encontró su alecrín.

Nací sin que nadie me avisase.
Crecí fuerte y robusto,
con aspecto espinoso, desafiante.
Me convertí en un ser fuerte.
Odiado por muchos,
comprendido por pocos.
Pero una mañana de primavera,
de mis ramas brotaste tú, alecrín.
Dorado como el sol,
brillante, bello, dulce, suave.
Y cambiaste mi apariencia.
Sigo siendo el mismo,
mis espinas siguen ahí,
pero los demás me ven de otro modo,
como soy en realidad:
la dulzura con cuerpo robusto.
Dispuesto a enfrentarme a todo,
a crecer en los terrenos más áridos,
a defender mi derecho a existir.
Pero dispuesto también a mostrar mi otra cara,
mi tesón, mi lucha, mi paciencia.
Mi hermosura, mi calidez dorada
cuando mis flores resplandecen.
Porque la Madre Tierra así lo ha querido,
me ha escogido por mi valor,
pero también por mi capacidad para ayudarte.
Mira el conjunto, no sólo la apariencia.
No tengas miedo a abrazarme,
no soy tu enemigo,
sólo un aliado,
si sabes cómo mirarme.
Dedicado a alguien muy especial.

miércoles, 4 de enero de 2012

Me llamas ...


Me llamas,
y a pesar de oírte
no consigo entenderte.
A veces, la espesa niebla lo enturbia todo,
incluso mis sentimientos.

Me llamas,
te escucho,
y no soy capaz de apreciar tus matices.
Sucumbo a la ira,
porque a veces me cuesta entender.

Me llamas,
y yo miro a otro lado
porque me encuentro perdida.
El camino es sinuoso
y me cuesta seguir el ritmo, tu ritmo.

Me llamas,
y gritas: "no te enfades, mami".
Pero hoy no es mi día.
Sé que escojo la forma incorrecta,
pero hoy no sé hacerlo mejor.

Me llamas,
y no consigo ver que estás pidiendo mi ayuda.
Porque hoy sólo quiero silencio,
no pensar, no actuar.

Me llamas,
y me ahogo en la desesperación.
La desesperación de pensar que un día
no quieras seguir llamándome.
Y me da miedo,
porque entonces, el tenerte, no habrá tenido sentido.