“(…) no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.”

Laura Gutman

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viernes, 25 de enero de 2013

Cinco años

Hoy hace 5 años que tuve a Aroa por primera vez entre mis brazos. Tan soñada, tan esperada, tan bella ...
Entonces, no sabía lo que ella traía consigo.
Y hoy, veo cada día que me ha traído no sólo felicidad y amor incondicionales. Me ha traído reecontrarme con mis miedos, con mis asuntos sin resolver, con enseñanzas sobre mí misma.
Ella me muestra cada día la cara más amable y la menos deseada de mí misma. Me hace aprender de mis errores, me hace sentir la vida de una manera diferente. Me hace ver el mundo con otros ojos.
Y aunque su llegada no fue como yo deseaba, hoy no me arrepiento. Muy al contrario. Pues hasta de esa experiencia, ambas hemos aprendido muchas cosas. Hemos visto lo que queremos y lo que no, lo que nos gustaría.
Sé que muchas veces no soy la madre que me gustaría. Sé que a menudo le pongo muchos obstáculos en el camino. Sé que en ocasiones puedo parecerle un ogro porque no sé canalizar mis emociones que nada tienen que ver con ella.
Pero su amor sin límites, ese amor puro e inocente con el que nacen todos los niños, le lleva a rescatarme día a día, y nunca podré agradecérselo del todo.
Felicidades, mi hermosa campanilla!

lunes, 19 de marzo de 2012

Dejando la teta?

Hace tiempo, tuvimos un bache en la lactancia.
Por aquel entonces, yo no estaba preparada para terminar esa etapa.
Durante unos días, (en realidad fueron semanas) estuve convencida de que la lactancia se había terminado. Fue un gran bache. Pero como ya he dicho, yo no estaba preparada y mi duelo de lactancia fue enorme.
Sufrí en silencio, sin saber que sólo era eso: un bache. Y sin saber que un buen día, casi 3 semanas después de no probar NADA de teta, oiría las palabras mágicas "mami, tetiña!", y nuestro "baile tetil" (me gusta esta expresión aunque no esté bien dicha) comenzaba de nuevo.
Pero durante ese duelo que se me hizo eterno, escribí una carta a mi hija (como suelo hacer en ocasiones especiales), que quiero mostraros:

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mi linda Aroa, la luz de mis noches. Has llegado a mi vida para llenar mi corazón de sensaciones nuevas, desconocidas para mí.

Desde que te sentí en mis brazos, supe cómo quería criarte, educarte. Supe que los tópicos de la lactancia no habían sido escritos para nosotras.

Hubo quien quiso que no existiese ese vínculo, quien pretendió que llenase la casa de biberones. Querían buscar tiempo libre para mí, pero yo sólo quería estar contigo, quería ser yo la única q te alimentase, y un segundo sin ti era un segundo vacío para mi.

He derramado muchas lágrimas por las dificultades iniciales, porque no sabía cuáles eran tus necesidades, porque todavía no había aprendido a escucharte. Sólo cuando entendí lo que buscabas, cuando entendí que amamantar no sólo era dar leche a un bebé, cuando tú me hiciste ver que el tiempo es algo efímero y sin sentido cuando ambas podíamos disfrutar de la lactancia, sólo entonces empecé a disfrutar de este don que tenemos las mamás.

Hemos tenido varios baches a lo largo de estos 21 meses, yo he caminado a tu lado y tú al mío. Ambas establecimos un código único para las dos, un lenguaje secreto desconocido para los demás. La palabra “teti” pronunciada por ti, ha sido la mejor de las medicinas en momentos de bajón. El saber que me necesitabas, que sólo yo podía satisfacer tus necesidades en ese momento, el ver tu sonrisa cuando levantabas mi camiseta, esa sonrisa que iluminaba toda la habitación incluso a oscuras, me ha hecho sentirme la mamá más feliz del mundo.

No pienses que soy egoísta, tan sólo es amor de madre. Es la sensación de haber disfrutado de algo tan maravilloso que, cuando tienes que desprenderte de ello, no tienes más remedio que estar triste.

Hoy por fin he dejado de negar la realidad, hoy he decidido que tengo que dejar que sigas tu camino, que yo ya no puedo controlar todo tu mundo. He comprendido que tienes que crecer, que poco a poco has de ser más independiente de mamá y que, aunque de otra forma, yo seguiré estando a tu lado, dándote toda la protección y el respaldo que vayas necesitando en cada etapa de tu vida.

Mi pequeño tesoro, pequeño en tamaño pero grande en sentimientos, un día leerás esto y te preguntarás porqué mamá estaba tan triste. Yo no puedo explicarte realmente el porqué. Tan sólo espero poder dejarte el legado de lo mucho que he aprendido a quererte (y lo que me queda todavía). Espero que cuando seas mamá, puedas sentir lo que yo estoy sintiendo ahora, es doloroso, lo sé, pero es en este momento cuando más me he dado cuenta de todo lo que se puede llegar a querer a un hijo, de todo lo que se puede llegar a transmitirle a través de la lactancia.

Mamá está triste, pero también está contenta de haber llegado hasta aquí, sobre todo porque, antes de tenerte, ni se me había pasado por la imaginación amamantar durante todo este tiempo. Mamá está contenta porque sabe que una parte de mí siempre estará contigo. Mamá es feliz porque has sido tú la que has decidido el momento en que querías dejar atrás una etapa y comenzar con la siguiente, sin presiones, sin sentirte obligada. Mamá es feliz porque sabe que tú eres feliz.

Alguien ha obrado un milagro en mi vida. Y ese milagro eres tú. Gracias por haber llegado a mi vida.

Te quiere:

Mamá

Volviendo a leer esta carta, se me saltan las lágrimas recordando aquellos momentos. Se me encoge el corazón al pensar lo mal que me sentía cuando todo el mundo me daba la enhorabuena porque Aroa había dejado la teta, pues yo no quería palabras de alegría, yo quería que llorasen conmigo, que me acompañasen en mi dolor. Pero casi nadie lo entendió.

Pero ahora es diferente.
Como os habréis dado cuenta, he cambiado la imagen de mi perfil. Ahora aparecen los piececitos de mi pequeña. Porque de nuevo comenzamos otra etapa.
El comienzo del cole ha traído muchos cambios. Entre ellos, que Aroa ya no está tan interesada en la teta como antes. Lleva ya varios meses que no quiere la teta para dormirse, en su lugar, se acurruca entre mis brazos, le canto, le cuento un cuento, le hago unos masajes en los pies ... lo que a ella le apetezca.
Incluso cuando se despierta de noche, le basta con tenerme cerca, una caricia mía en su mejilla, y se vuelve a dormir, sin su "tetiña". Y ahora además, casi siempre duerme toda la noche, cosa que no ocurría hasta hace muy poco.
Pero es que además, por el día, son raras las veces que quiere teta. Algún día que otro, en momentos de necesidad de mimos extra: llega cansada del cole, se ha lastimado, etc.

Y como dije, ahora es diferente.
Esta vez, no hay duelo. La teta está ahí para cuando quiera, evidentemente, pero ya no siento el dolor que sentí entonces.
Ambas hemos disfrutado muchísimo con la lactancia, no sé si yo más que ella a pesar de las dificultades.
Pero es una etapa que ya se va quedando atrás; o al menos eso creo, igual me da una sorpresa un día y vuelve a mamar como hace 2 años.
Pero en este momento puedo decir que ambas estamos preparadas para pasar página y cambiar de capítulo. Nos hemos impregnado de cada momento, hemos disfrutado y hemos aprendido la una de la otra. Y ahora toca pasar a otra etapa.
Tan sólo me queda una sensación de morriña, añoranza, nostalgia, y el ser consciente de que mi niña está creciendo, que está dejando de ser ese bebecito adorable al que mamá le cantaba "Cinco lobitos tiene la loba..."

martes, 25 de enero de 2011

Tres años contigo...

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... tan poco tiempo y, sin embargo, tan lleno de intensas sensaciones.

Mi pequeña flor, Aroa, tan pequeña e inocente, y a la vez con tanta fuerza y sabiduría.

Hace ya tres años que llegaste a nuestras vidas, inundando de luz nuestro hogar. Sin tú saberlo, llenaste un hueco tan profundo en mí, que por fin siento que estoy completa como mujer. Contigo aprendí el verdadero sentido de la maternidad, comprendí el valor de la palabra MAMA, entendí el porqué de muchas cosas. Tan pequeña, y ya me has enseñado tanto ...

A lo largo de este tiempo he ido aprendiendo el valor de las pequeñas cosas, de esos momentos cotidianos que solemos dejar pasar de largo y que, sin embargo, están llenos de nuevas sensaciones, colores, imágenes, personas, matices, etc. He conseguido poder ralentizar el tiempo para detenerme contigo en esos detalles y saber disfrutar de ellos.

Me has devuelto a mi infancia, recordé canciones que tenía olvidadas, reviví situaciones afectivas con tu abuelita Ali y las repetí contigo, mi corazón se llenó de magia para hacer volar tu imaginación, el suelo se volvió mi aliado impensable y, desde esa posición, descubrí un mundo fantástico y maravilloso, lleno de sorpresas.
Pero sobre todo descubrí un rincón en mi alma, hasta ahora apagado, que comenzó a brillar con una luz especial, intensa pero no cegadora, cálida sobre todo. Una luz que me transformó radicalmente. O tal vez haya sido que despertó una parte de mí que estaba dormida y necesitaba de ti para despertarla. Eso nunca lo sabré.
Lo que sí sé es que esa transformación me gusta, cada vez más.

Pero con tu llegada, también he descubierto esa sombra que he llevado guardada durante toda mi vida, esa sombra que me he negado a ver o que tal vez simplemente era desconocida para mí. Hiciste que despertara una sombra que pesa en mis hombros de una manera inimaginable. Pero también en este caso tú me has ayudado a verla, a reconocerla, a cogerla de la mano y enfrentarme a ella, a descifrar su mensaje, a aprender de ella.

Y estos tres años son, además, tres años conectadas a través de "la tetiña", como tú la llamas. Hemos pasado por muchos baches, yo diría que demasiados. He estado a punto de sucumbir a veces, incluso ahora, pues hay momentos en los que se me hace cuesta arriba tu excesiva dependencia de mis pechos. Pero de nuevo me has mostrado el camino, me lo muestras cada día. Sé que no sólo te estoy alimentado, te estoy dando algo más, ambas nos damos mútuamente.

Tuvimos comienzos difíciles. tú estabas a mi lado, pero yo miraba hacia otra parte. Te miraba pensando que lo hacía con ojos de madre, pero no era así: te miraba con los ojos de los demás. Me llevó tiempo aprender a mirarte como tu mamá, a pensar en tí y en mí y no en los comentarios gratuítos de los demás, a escucharte de verdad. Y todo esto me lo enseñaste tú también. Y se estableció un vínculo indescriptible.

Qué más puede pedir una madre?

Pero en este punto me hago la siguiente reflexión: cuando sabemos que vamos a ser mamás, no pasa un día en que pensemos en la cantidad de cosas que os vamos a mostrar, la infinidad de enseñanzas que os podemos ofrecer, los innumerables consejos que os vamos a dar, etc. Y, sin embargo, las que en realidad acabamos aprendiendo somos nosotras, madres contaminadas por los dictámenes de una sociedad autoritaria y patriarcal, que pretende dirigir nuestras conductas, privándonos de nuestra libertad de esoger y donde está mal visto no seguir la senda de lo políticamente correcto. Y con vuestra llegada, almas puras e inocentes, nos ofrecéis las enseñanzas más importantes y valiosas que alguien pueda recibir a lo largo de su vida, nos dais todo lo que tenéis a cambio de nada y, sobre todo, nos dais amor, mucho amor.

Por todo esto y por mucho más, te doy las gracias mi pequeña princesa, por haber llegado a nuestras vidas, por habernos escogido a nosotros para ser tus papás (porque sé que de alguna manera escogiste el momento y la manera de entrar en nuestras vidas), por enseñarme un camino nuevo, por ayudarme a sortear montañas que sin tí sería imposible que llegase a cruzar, por aguantar mis enfados, mis nervios siempre injustificados, por ser tan cariñosa con todos nosotros, por decir siempre lo que quieres y enfadarte para conseguirlo, por no querer desengancharte de la teta, por tu sonrisa, por tus besos y achuchones ...

Y gracias por haberme mostrado el verdadero sentido de ser MAMA.

Te quiero muchísimo.

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jueves, 17 de junio de 2010

Saltos, dedos, tijeras y un vaso de leche

Hoy he recopilado para ti, mi pequeño tesoro, algunos de los logros que has conseguido estos últimos días.
No hay ahora mismo nada más apasionante en mi vida que contemplar, día a día, cómo vas creciendo, como te esfuerzas y te empeñas por conseguir aquello que te propones y, cuando finalmente lo logras, ver en tu cara de ángel la satisfacción personificada.

Es increíble lo que te apasiona saltar. Te basta encontrar una simple piedra lo bastante grande para que quepan tus piececillos de la talla 22-23, para que corras hacia ella, te subas y te pases un buen rato saltando. Hasta ahora, lo hacías apoyando primero un pie en el suelo y a continuación el otro. Pero hace dos días que has conseguido hacerlo con los dos pies juntos, lo que nos ha hecho reír un buen rato. Ya tenemos un nuevo juego, "saltar con ambos pies".

Otro de tus logros en estos días, ha sido el de conseguir hacer sonar los dedos, ese sonido que se produce cuando arrastramos el dedo pulgar sobre el dedo corazón, ese "tic" que algunos utilizan para llevar el ritmo o acompañar una melodía. Te ha hecho tanta gracia cuando por fin oíste el sonido proviniendo de tus dedos, que hasta a mamá se le saltaban las lágrimas de la risa.

Y es que muchos me dicen que eres muy habilidosa con las manos para tu edad. Cómo sino, habrías sido capaz de, un buen día, coger unas tijeras mientras nadie observaba, y empezar a dar cortes a un papel, y sin que nadie te enseñase. Unicamente nos has visto a mí y a papá cortar con tijeras, pero nunca te hemos indicado cómo hacerlo, pues por ahora, consideramos que esta actividad puede ser un poco peligrosa para tu edad. Y, sin embargo, tu don de fijarte en cada detalle que se presenta a tu vista, de observar cada movimiento a tu alrededor, ha hecho que, sin más, pusieses el dedo pulgar en el agujero superior de las tijeras y los dedos índice y corazón el inferior y te pusieses a cortar.

Y ya por último, nos vamos a tomar un vasito de leche a tu salud, ahora que por fin parece que ya te has decidido a querer beber en vaso. Increíble, ¿verdad?.
Para quienes nos estén leyendo, decirles que, aunque siempre has rechazado beber algo por un biberón, el vaso tampoco ha sido uno de tus preferidos. Claro, la teta es mucho más cómodo. Pero ahora que ya no haces tantas tomas de pecho y, cuando lo haces, es muchas veces símplemente para relajarte un rato, sin dar tiempo a que salga nada, se hacía necesario tomar algún vasito de leche adicional. Y parece que, desde hace 4 días, lo vas aceptando de buen grado. Incluso el agua, que hasta ahora bebías únicamente por botella, vas aceptando beberla en vaso.

Mi linda "cucuruchita", irremediablemente te vas haciendo mayor. Y estas pequeñas cosas, a primera vista insignificantes, hacen que me dé cuenta de día a día te vas escapando un poquito más de mí, que poco a poco consigues tus logros que te llevan a ser más independiente. Pero disfruto de ello, y no sabes cuánto.


lunes, 19 de abril de 2010

Mi gota de rocío (25 de Enero de 2008)

Por fin te tengo en mis brazos, mi pequeña Aroa. Después de tanto tiempo esperándote, por fin has llenado mi vida, mi corazón, todo mi ser.

Tu llegada no fue fácil. Los médicos dijeron que tenía poco líquido amniótico y esto podía perjudicarte, así que ayer comenzó todo:
Había que adelantar tu llegada. Así que toda la noche estuviste dando muestras de querer salir, pero la espera se hacía eterna. Tu ventana al mundo era tan sólo de 1 cm y parecía no querer abrirse más.
Ya por la mañana, tuvieron que ponerme oxitocina; así que todo empezó a ir más deprisa: mis piernas no paraban de temblar, no sé si de dolor, de miedo, de ansiedad por verte, por saber si serías niño o niña. La emoción me embargaba.
Me enseñaron la forma correcta de empujar para ayudarte a salir, así que comenzaste a asomar. Ya veían tu cabecita, pero muchas manos pasaron por mí (ya no sé si me dolía más esto que las contracciones) y también sobre ti. No sabían cómo estabas colocada, y yo me preguntaba qué estarías sintiendo, con un montón de manos desconocidas palpando tu cabecita.
Llegaron a la conclusión de que tenías la cabeza chiquitita y venías con ella algo torcidita. Así que ya en la sala de partos, hubo que hacer episiotomía y usar espátulas. Evidentemente este no estaba siendo el parto que yo había soñado. Pero no me importó, yo sólo quería que salieses bien y tenerte en mis brazos.
Así que empujé, empujé todo lo que mi cuerpo cansado y sin fuerza me dejó. Una vez, y otra, y otra más y ... Por fin saliste. No sé describir esa sensación. Por una parte, noté como si me despojase de una pesada carga. Pero por otro lado, fue como si me arrancaran una parte de mi. Habían roto el lazo que nos unía, lo que hacía que tú y yo fuésemos una sóla. Y sentí una mezcla de alegría y tristeza.
Entonces me dijeron que eras una niña. La verdad es que esto era lo que menos me importaba en ese momento. Yo sólo quería verte y saber que estabas bien. Te pusieron sobre mí, y yo no dejaba de repetir "mi niña, mi niña".
Tras pesarte y medirte (3,010 kg y 51 cm), te pusieron en brazos de papá. Jamás olvidaré su cara en ese instante. Comenzaron a coserme el corte de la episiotomía. Me dolía horrores. Pero yo te miraba en brazos de papá y me derretía con esa estampa. Cuánto estaba disfrutando de ese momento.
Pero lo más difícil llegaría después.

De vuelta a la habitación, tú estabas cogida a mi pecho, aprendiendo a mamar. Es increíble cómo supiste hacerlo sin que nadie te enseñase. Ahí comencé a entender algo más sobre la maternidad: que las cosas fluyen por sí solas.
Yo no podía dejar de mirarte pero, no sé porqué razón, de repente algo comenzó a no ir bien. Empecé a marearme, sin casi poder moverme, a punto de perder el conocimiento. Papá se había ido a comer y la abuela Ali, que estaba con nosotras, llamó enseguida a las enfermeras. Ellas mismas se asustaron con lo que pasaba: yo me iba, me iba si no ponían remedio inmediatamente.
En el parto había perdido mucha sangre, pero ahora una tremenda hemorragia que nadie había intuído, me estaba llevando de tu lado. Mi tensión era 4 de mínima y 6 de máxima, el útero no quería volver al sitio. Tuvieron que ponerme dos bolsas de sangre. Y, mientras tanto, yo sentía como te ibas separando de mí. Sin poder moverme ni articular palabra, me entró pánico. El hecho de pensar que podía dejarte sóla después de haberte deseado tanto, me provocaba un pavor indescriptible. Y a punto estuve de desistir.

Pero, afortunadamente, después de la transfusión de sangre y de no sé cuántos masajes en mi barriga para conseguir la involución del útero, mi cuerpo comenzó a reaccionar. Y una sensación de que había comenzado a vivir de nuevo llenó mi ser. Se puede decir que ese día nacimos tú y yo.

Entonces te sentí en mi pecho, mamando y durmiendo a la vez. Me impregné de tu olor. Recorrí cada parte de tu rosada carita. Acaricié tus minúsculos y alargados dedos (como los míos, pensé). Lloré, ahora de felicidad.

Y, de repente, me di cuenta de que eras mi gota de rocío que, deslizándose suavemente por el surco de una hoja y permitiendo que el reflejo de los primeros rayos de sol hiciesen brotar de ti un abanico de colores, se había posado sobre mí para refrescar mi ser e iluminar mi vida.

Bienvenida, mi preciosa Aroa.