“(…) no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.”
miércoles, 17 de agosto de 2011
Pronto estaremos de vuelta
Siento no haber puesto una entrada explicando el motivo de mi ausencia.
Siento estar perdiendo una gran cantidad de información, artículos, vivencias, experiencias, noticias, etc.
Siento los correos sin contestar, las llamadas sin responder y las visitas sin realizar.
Pero hemos pasado dos meses en una casita cerca de la playa, todavía nos quedan dos semanas, pero hoy hemos venido a casa a traer algunas cosas. Y he aprovechado para leer los numerosíiiiiiiiiiiiiiiiiiisimos mails y ponersos esta entrada.
La verdad que está siendo un verano estupendo, sobre todo para Aroa, que está disfrutando del campo y la playa de lo lindo: mi "piruleta" (como yo la llamo), desbocada, descalza, sin horarios, con mamá y papá al 100% (bueno, papá al 50% que no tuvo vacaciones), sin compromisos, sin protocolos ni restricciones, con un buen estirón, sin catarros, libre ... Cómo estoy disfrutando al verla!
Echo mucho de menos el blog, el correo, los foros de mamis ... Pero, por otro lado, el vivir sin ordenador durante estos dos meses, ha sido una bendición. Es una contradicción, lo sé, pero así lo siento. Os recomiendo una temporada sin tecnología alrededor: la paz absoluta.
Espero estar de vuelta pronto.
Gracias por los comentarios que algunas me habéis dejado, y perdón por no haber respondido y no haberlos publicado antes.
Un beso.
jueves, 23 de junio de 2011
Habiba y Alma juntas por fin.
El diario El Mundo publicaba ayer:
La Comisión de Tutela del Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF) de la Comunidad de Madrid ha decidido cesar la tutela provisional de la hija de Habiba y devolverle el bebé de 15 meses a la madre.
Según un comunicado emitido por la institución, la progenitora "ha acreditado mediante un escrito presentado al IMMF que cuenta con una oferta de trabajo y dispone de un lugar de residencia en un piso para mujeres e hijos en situación de máxima vulnerabilidad, lo que garantiza el bienestar de la menor".
No puedo más que estar feliz, muy feliz, de que por fin mamá e hija se hayan podido abrazar.Pero me surgen muchas preguntas:
¿Qué pasará ahora?, ¿Quién les devolverá a ambas estas 3 semanas de angustia, separación, dolor ...? ¿Cómo les recompensarán estos días de lucha e incertidumbre? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar algunos para hacernos creer que incluso la maternidad, ha de seguir unos cánones políticos, religiosos o yo qué sé?¿Qué hubiese ocurrido si Habiba no fuese respaldada por la Fundación Raíces y por miles de familias que creen en el respeto a la crianza con amor?
Ojalá pudiese responder estas y otras preguntas. Pero por ahora, me conformo con saber que Habiba y su pequeña por fin pueden estar juntas.
A noite de San Xoan
“Sálvame lume de San Xoan, para que non me trabe cadela nin can”
A noite de San Xoan, o 24 de xuño, é unha das festas máis ricas en lendas, supersticións e costumes que agocha o noso folclore, a nosa cultura.
A fogueira de San Xoan simboliza o astro solar. Nenos e nenas, mozos e mozas, cantaban e brincaban o redor, bébedos pola delicia do resplandor da fogueira e desfiando a calor que dela se despedía, e que fai recuar aos maiores.
O día no que o sol atinxe o maior tempo de esplendor dase o 21 de xuño, coñecido como o “solsticio de verán”. A partir de entón, o tempo da claridade solar vai diminuindo paseniñamente ate o solsticio de inverno, no día de San Silvestre.
Varios elementos interveñen nesta festa:
A auga: elemento de gran limpeza. “A chuva de San Xoan, tolle o viño e non colle pan”
O lume: elemento purificador que queima as impurezas e as malas herbas.
As herbas: A ciencia popular soubo indentificar moi ben aquelas nas que as divinidades transmitían os atributos milagreiros, otorgándolle a cada pranta ou herba unha finalidade concreta e diferente.
Os penedos, encrucilladas, lagoas, castros e outeiros: non son máis que lugares de culto, que a cristanización transformou en altares e cruceiros. Nestes sitios manifestábanse físicamente os mutados en fadas, bruxas, diaños, cobras, santa compaña, etc.
Había quen se sentaba a carón da fogueira para formular un desexo.
Xa esmorecida a fogueira, os valentes tentaban cruza-los braseiros en carreiras, chimpos, ou utilizando os taboleiros para non queimarse.
Tamén había quen queimaba unha peza de roupa persoal para evitar que non fora poseída polas bruxas.
Nalgunhas comarcas, as doncelas cren que casarán durante o ano se ó saltaren non tocan a chama. Noutras partes teñen a certeza de que precisan saltar nove veces unha mesma lumerada para que acaden os seus desexos.
Tampouco é descartable darle algún contido gastronómico. Estamos na época da recolleita da pataca e había quen as botaba, sen pelar, nun recuncho da fogueira. Sen deixarse queimar, os cachelos comíanse quentes. E tampouco debe esquecerse o refrán “Polo San Xoan a sardiña pinga o pan”, de millo por suposto.
Esta noite, as plantas acadan o mellor das súas propiedades curativas e máxicas. Por iso, as mozas recóllenas para poñelas nun caldeiro con auga. Alí teñen que quedar ó orballo da noite e pola mañán, tódolos membros da casa, en especial os nenos, lávanse con esa auga milagreira.
Algunhas herbas varían segundo a zona, pero hay moitas que aparecen en todas elas:
Rosa canina ou rosal bravo, fento macho ou fieito, fiuncho, Herba Luísa, Herba de San Xoán, Malva, Codeso ou xesta, Romeu, Sabugueiro ou saúco, ponlas de Nogueira, ponlas de ameneiro, artemisa, follas de carballo, etc.
As herbas, atadas nun feixe, deixábanse nun caldeiro con auga (mellor de sete fontes) toda a noite. A mañán seguinte, lavábanse coa auga e gardaban as herbas que secaban ó sol, para logo usar como menciñas.
As nove ondas:
O carácter purificador e tamén fecundador das augas, ponse de manifestó na tradición do baño das nove ondas, de forte tradición na Praia da Lanzada. Ademáis de ser un rito manciñeiro e curativo do meigallo, é tamén un rito de fecundidade que fai concebir ás mulleres estériles.
A sorte do ovo:
As doce en punto da noite de San Xoan, cáscase un ovo e déitase nun vaso de auga que se deixa despois ó sereo deica ó amencer. Á mañá, vaise ver o ovo, que toma formas como dun barco, dunha capela, etc. E polo que se vé alí, adivíñase ben cal será a sorte que se ha de ter no ano.
Fuentes:
viernes, 17 de junio de 2011
La nueva maternidad
Para participar en el sorteo, proponen que se escriba un texto explicando lo que consideremos que es para nosotras "la nueva maternidad", y aquí va mi reflexión:
Aquí, sentada frente al ordenador, pensando qué palabras poner para definir "la nueva maternidad", sólo puedo pensar que no hay una nueva maternidad, sino que siempre ha estado ahí, pero nuestra sociedad del progreso, de las prisas, del consumismo, del "valgo por lo que tengo", de la competitividad, del capitalismo ... se está encargando de arrebatarnos el significado del concepto de maternidad, tal vez para utilizarnos como conejillos de indias, o para que no nos desviemos del sistema y mantenernos controladas.
Cuando alguien me pregunta qué es para mí la maternidad, siempre recito las palabras de Laura Gutman que aparecen en la cabecera de mi blog:
no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.... pues para mí, lo importante, es darse cuenta de que nos hemos convertido en madres y todo lo que eso conlleva. Es darse cuenta de que llevamos un ser indefenso en nuestra barriga, de que nos necesita y debemos respetarle a la hora de nacer, de que debemos procurarle todo el bienestar que podamos cuando por fin le tengamos en nuestros brazos, de que nosotras seguimos siendo su "todo", de que no sólo le alimenta nuestra leche, sino también nuestros cuidados, nuestros abrazos, nuestras caricias, nuestra atención y nuestra dedicación; de que debemos estar dispuestas a aprender de un ser súmamente emocional y límpio de corazón; de que debemos respetar sus momentos, sus tiempos.
He de confesar que pensé que me había convertido en madre cuando tuve por primera vez a Aroa en mis brazos. Pero días después, incluso meses, me sentía cualquier cosa menos madre, me sentía vacía. Imagino que muchas mujeres pasarán por esa sensación durante su posparto. Pero yo no me sentía vacía por no saber acallar los llantos de mi niña, ni por no poder estar decente físicamente al menos un día, ni por no poder atender las necesidades de mi marido, ni por sentirme apartada del mundo, ni por no tener ni idea de cómo dormir a mi hija o darle el pecho o cambiar un pañal. Me sentía vacía porque mi hija me reclamaba algo que yo le estaba negando. Me negaba a ver la evidencia de su llanto, me negaba a hacer aquello que era contrario a lo que todos me decían, pero que mi corazón gritaba sin cesar.
Y, como dice Laura Gutman (y vuelvo a parafrasear): "cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido." Porque me convertí en madre cuando tan sólo escuché a mi corazón y a mi hija. Y así sucedió con el tema de la lactancia.
Yo quería a toda costa darle el pecho a mi hija, no sabía exactamente por qué, pues durante el embarazo no lo veía como algo tan imprescindible, pero algo dentro de mí me decia una y otra vez que no podía rendirme. Los comentarios me hacían un daño increíble. Pero yo seguí dándome de bruces contra el suelo, viendo como mi hija lloraba todo el día (y parte de la noche), preguntándome si la estaba alimentando bien, si ella mamaba suficiente, si yo no estaría obsesionada con ese imposible del que todos me hablaban.
Entonces, un día probé con el biberón. Pero no había forma de que lo tomase. Recuerdo cómo me caían las lágrimas mientras intentaba que mi hija aceptase aquella tetina, recuerdo cómo mi pequeña lloraba porque le olía a teta y mamá le daba algo que ella no quería. Recuerdo cómo se me estrujaba el corazón y el alma, mientras le decía a mi niña entre sollozos que necesitaba que tomase aquel biberón. Paradógico, verdad? Así que me sentí vacía, ni mujer, ni madre ... sólo vacía.
Menos mal que mi niña era muy lista, y lo único que hizo fue llorar, llorar y llorar, y esperar a que mamá, rendida, volviese a sacar su teta. Y entonces su dolor se disipó, aunque no el mío.
Pero entonces un día, no sé cómo sucedió, dejé de querer escuchar los comentarios de los demás y le dije a mi pequeña: "si lloras tanto para que te escuche, pues es lo que voy a hacer: escucharte!". Y así fue. La escuché: ella sólo me quería a mí, al 100%, no me quería compartir con nadie más, no quería que me aferrase a lo que me decían los demás, quería que sólo la escuchase a ella, o tal vez que escuchase mi instinto de madre, porque realmente fue en ese momento cuando nació la madre que soy ahora. Y entonces me dí cuenta de que mi hija había estado llorando por mí, había estado sufriendo por lo que yo me negaba a hacer.
Por eso creo que el ser madre, el convertirse en madre, es estar dispuesta a aprender de nuestros hijos, incluso antes de nacer; es mirar la vida con sus ojos; es criar desde el respeto, la empatía, el cariño y el amor; es ser consciente de que nadie tiene derecho a decidir por nosotras ni por nuestros hijos; es no negarnos el reencuentro con nuestras sombras, nuestros miedos, nuestras dudas ... a reecontrarnos con nuestra esencia de mujer, con nuestro instinto más primitivo; es no temer a desnudar nuestra alma ante nuestros hijos; es no dudar en volver a ser niños, a revolcarnos en el suelo, a ensuciarnos en el barro de los charcos, a reír hasta no poder más, a abrir cajones para vaciarlos, a comer con las manos, a decir "no" cuando realmente sentimos que debemos decir "no"; ... es entregarnos a ser felices, sin más.
Así veo yo la nueva maternidad, esa maternidad que ha estado ahí desde el resurgir de la humanidad. Y creo que esta maternidad que despunta ahora, nos dará la razón. Porque lo veo en la cara de mi hija, porque lo veo en las caras de los niños cuyas mamás los crían desde el respeto y el amor profundo.
Ojalá un día no tengamos que hablar de "nueva maternidad", sino símplemente de maternidad, en todos los sentidos.
miércoles, 1 de junio de 2011
Tareas domésticas
viernes, 27 de mayo de 2011
“Convertirse en Madre” por Nuria Otero
“Convertirse en Madre” por Nuria Otero
26 mayo 2011 por Nohemí
Excelente artículo de Nuria Otero, imprescindible para entender el puerperio. Publicado en el Foro de la Asociación Criar con el Corazón
Convertirse en Madre
Hay algo de salto al vacío en el hecho de convertirse en madre. Porque realmente no sabemos qué pasará al día siguiente del parto. Quién será nuestro hijo o nuestra hija… pero fundamentalmente, desconocemos en quién nos convertiremos nosotras.
Si hay un aspecto en el que coinciden muchísimas mujeres a la hora de recordar el posparto es ese sentimiento de no reconocerse a ellas mismas, de no encontrar en el espejo a aquélla que fueron. Y no se trata tan sólo de un desencuentro físico, de que estemos más o menos gordas de lo que esperábamos, de que los pechos nos duelan, de que los entuertos y loquios no acaben cuando creíamos, de que el pelo se nos caiga a mechones, de que el cansancio nos desmorone hasta límites insospechados días antes y de que los brazos no se acostumbren a mantener constantemente el peso de nuestro bebé. No… es mucho más que eso. Es el encontrarse con una mujer a la que desconocemos totalmente. Que piensa cuestiones y en cuestiones en las que nunca había pensado antes, que se contradice a sí misma cada cuarto de hora, que aunque quiere dormir no deja de velar el sueño de ese pequeño ser que acaba de romper en dos sus creencias, que tiene miedo y vértigo y alegría e inseguridad y se siente fuerte y poderosa a la vez que débil y diminuta… una auténtica montaña rusa en la cual las hormonas tienen mucho que ver, pero también una incalculada brecha que se ha abierto en nuestra vida gracias a la aparición de ese pequeño que nos ha arrebatado la cordura. Una brecha a través de la cual entrevemos las posibilidades reales del amor, del deseo, de la entrega… la mujer sin límites que podríamos llegar a ser, la verdadera YO que se esconde tras cientos de convenciones sociales, tras velos y velos de “cordura”, tras la obediencia aprendida y el “saber estar” pretendido. Y lo que se ve nos encanta, pero a la vez nos asusta… como las atracciones de feria, a las que la mayoría de las veces, pasada una cierta edad, dejamos de subir, porque el miedo puede más que el maravilloso agujero en el estómago a la hora de dar una vuelta cabeza abajo en una máquina infernal. Así, miramos hacia otro lado mientras esperamos que la brecha se cierre, mientras esperamos que alguien nos ayude a cerrarla o simplemente la cierre a base de dosis de realidad.
Ahora bien… ¿qué es lo que sucede realmente? ¿qué nos pasa a las mujeres durante el posparto?
Por un lado, hay un poco de química y cambios hormonales que nos vinculan (o desvinculan) de una manera diferente a las demás personas, a nuestro nuevo hijo, a nosotras mismas y al mundo en general. Pero estos “estados alterados de la biología” adquieren unas connotaciones muy diferentes en función del tamiz cultural al que nos vemos sometidas.
Por otro lado, en el posparto, precisamente gracias a ese puñado de hormonas en el que nos convertimos, se producen aperturas de conciencia, reconocimientos de verdades que quizás ni íntimamente habíamos percibido, surge nuestra vida toda ante nuestros ojos, y también las posibilidades que tenemos. Es la brecha de la que hablaba y de la que nadie habla… ni antes, ni durante, ni después del embarazo, centrados como estamos en ver sólo lo visible, lo tangible, lo conocido… volcados como vivimos en los resultados (el embarazo perfecto, el niño guapo y entero), y en la vuelta a la supuesta normalidad que nos envuelve (nuestra figura de siempre, nuestra rutina diaria, nuestro éxito laboral, nuestra vida triunfante).
Y por último, pese a todas esas posibilidades tanto físicas como psicológicas y emocionales que se abren ante nosotras, existe un mundo que nos condiciona, que nos ata, nos juzga y nos sojuzga de una manera tan omnipresente y omnipotente que somos casi incapaces de verlo, tan libres y perspicaces como nos creemos.
Sin embargo, pese a ello, pese a las dificultades, más allá de los condicionantes, de los juicios y prejuicios, a pesar de nosotras mismas y nuestra historia, existen posibilidades de maniobra, pequeños gestos que día a día pueden hacernos más libres, mejores personas y, fundamentalmente, madres más conscientes.
(...)
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viernes, 6 de mayo de 2011
Un jardín de primavera
Partimos de un rectángulo de cartón, que ha coloreado con pintura verde.
Sobre él, ha pegado unas flores realizadas con goma eva:
Dado que en primavera, además de las flores, los pájaros están muy activos, ha pegado unos pajaritos y un nido con huevos en un árbol también de cartón.
Por último, más arbolitos llenos de hojas de plastilina y ramitas de palillos:
Y ya tenemos un jardín de primavera, listo para poder jugar en él con sus muñecos favoritos: